KWAN YIN

Publicado 10 agosto, 2011 por SAINTGERMAIN2010

INTRODUCCIÓN
Nuevamente tengo el placer de trabajar con ustedes y esta vez con un encargo muy especial.
El niño interno.
Necesitamos que cada uno aflore, desde lo más interno de su ser, a esa semilla que quedó sembrada desde el momento de su nacimiento, a esa semilla a la que hemos llamado el niño interno y que, a medida que vamos creciendo y adaptándonos a las circunstancias de la vida, va quedando encerrada, ahogada, bajo el peso de una personalidad que se engruesa, se endurece y se vuelve inflexible; esa libertad de soñar y de actuar, sin normas, sin reglas, siguiendo únicamente el impulso del espíritu que alberga, y que a medida que maduramos va quedando limitada, encerrada, canalizada y sujeta a los permanentes juicios de una conciencia que ha sido impuesta por la sociedad.
Esta serie está dedicada a los niños del mundo.
A partir de hoy y en las siguientes 13 sesiones, vamos a trabajar para los niños, y mis palabras estarán dedicadas a todos ustedes, a los niños del mundo y a los niños que han aprendido a ser adultos. Yo solicité este trabajo ante los directores de la Jerarquía, porque consideraba, como una necesidad imperiosa, despertar a los niños que se han quedado dormidos en los cuerpos de los adultos.
Considero que la inocencia y la candidez de la sonrisa infantil, no deberían nunca abandonar los labios de todas las personas; sin embargo, este proceso de maduración, en realidad, se vuelve un proceso degenerativo, en donde los valores naturales, que son la correcta expresión del espíritu que mora dentro del ser, van siendo coartados, hasta adquirir una personalidad ajena a las necesidades del ser; un carácter que no tiene otro objetivo que el de sobrevivir dentro de una sociedad agresiva y que, sin embargo, llena de conflictos a ese ser que se ve impedido de manifestarse en su natural expresión.
Por esta razón, las lecciones estarán dedicadas a los niños y podrán servir como tema de cursos infantiles, para adultos y para niños, un lugar en donde no sea necesario separar a los padres de los hijos; unos cursos en donde verdaderamente no importe la edad, en donde verdaderamente todos hablen el mismo lenguaje, el lenguaje del sueño, de la magia y la imaginación. Así pues, adormezcan su conciencia y dejen volar, en completa libertad, a ese espíritu, eterno niño que mora en cada uno de nosotros.
Este es el inicio…
2. LA BÚSQUEDA DEL CAMINO INTERIOR.
Hace muchos años, en un país de ensueños, un poderoso rey habló a su hijo con estas palabras:
_Hijo mío, ha llegado el momento en que debes aprender los 10 principios básicos de la vida; son 10 lecciones que te darán todo el conocimiento que necesitas para llegar a ser, algún día, el hombre más sabio del universo y el más feliz de toda la creación. Son 10 sencillas lecciones, pero que sólo tú podrás aprender, porque, aunque mucha gente querrá explicártelas, en realidad, todo lo que tendrás que hacer, será recordarlas.
Cuando nacemos, todo lo que necesitamos aprender lo llevamos dentro de nosotros; la vida, la naturaleza, el sol, las estrellas, los demás seres humanos, no son sino libros en donde tú podrás recordar tus lecciones internas. Vivimos en una gran escuela, la escuela de Dios, y a ti te corresponde recordar esos 10 principios fundamentales, para que puedas entender lo que Dios quiso decirnos cuando nos puso en esta creación suya.
En el interior de uno mismo está la sabiduría.
Déjame explicarte algo: Para recordar cada uno de ellos, tendrás que visitar diferentes regiones del universo, tendrás que visitar diferentes planetas, tendrás que platicar con diferentes personas y, en ocasiones, con otras criaturas. Encontrarás magos y adivinos, laberintos y castillos, pero recuerda algo siempre, todo lo que necesites saber lo tienes dentro de ti; no importa qué tan complicado sea, no importa qué tan sencillo sea, cuando sientas alguna duda aparecer en tu camino, cuando no sepas qué acción tomar, cuando te veas en peligro o tus fuerzas flaqueen, voltea hacia dentro y ahí encontrarás lo que necesites.
Todo ser humano, en algún momento de su vida, aprende las lecciones que tú ahora vas a aprender; a algunos les toma toda la vida, otros, en cambio, pareciera como si nunca las olvidaran. Tu camino es el camino de todos, tu meta es la meta que todos deseamos y andamos buscando, el cielo estará al alcance de tu mano y todo lo que necesites podrás encontrarlo dentro de ti.
Los consejos, cuando los pidas a otras personas, tal vez te resulten ambiguos o confusos; cuando los consultes al cielo, estarán dados en claves o en enigmas; cuando los medites dentro de ti, serán transparentes como el agua; mil veces te será más sencillo preguntar, que investigar dentro de ti mismo; muchas veces tendrás la tentación de seguir lo que otros siguen, buscar donde los demás buscan, pero tendrás que recordar que tu camino es diferente al de todos los demás, porque tu camino es interno, las señales del mapa las llevas dentro de ti mismo, y aun cuando persigues lo mismo que los demás andan buscando, tu mapa es diferente.
Desconfía de lo que tus sentidos perciban; recuerda siempre analizar, a la luz de tu conocimiento interior, lo que la vida te ofrezca; no te dejes deslumbrar por los ropajes angelicales que pudieras observar en el camino, puede ser que oculten a un ser confundido; tampoco pienses, que aquellos que creen haber llegado ya al final del camino, puedan darte los consejos que tú necesitas.
Recuerda siempre, andas en busca de 10 lecciones; aunque tienes todo el tiempo del universo para encontrarlas, nosotros, tus padres, tus herrmanos, tus seres queridos, contamos con un tiempo para esperarte; si lo logras en un tiempo razonable, estarás de vuelta con nosotros, pero si tardas más de lo necesario, a tu regreso ya no nos encontrarás, pues nosotros también estamos siguiendo nuestro camino. Si tú nos encontraras rápidamente, podrías regresar y ayudarnos y podrías darme consejos como hoy te los doy yo a ti, pero si tomaras más tiempo del necesario, tal vez ya no me encuntres y no encuentres a tu familia para seguirte apoyando y guiándote. Si alguna vez necesitaras de mi ayuda, búscame dentro de ti, nunca afuera, recuerda y ténlo presente siempre.
Pues bien, ponte de rodillas porque voy a darte mi bendición; de hoy en adelante caminarás por las regiones del universo en busca de los 10 principios.
La bendición del Padre.
Mi mano te toca en la frente para despertar en ti la luz que te llevará, paso a paso y con seguridad, a los lugares en donde encontrarás los principios mágicos.
Mi mano te toca en tus labios para que permanezcan callados cuando es preciso hablar poco, pero para que tengan la sabiduría necesaria para guiar a otros, cuando te sea solicitado.
Mi mano te toca en el corazón, para que mantengas siempre presente los sentimientos de amor que deben impulsar a todo ser humano a ayudar a los demás y para que te mantengas al resguardo de las espinas que seguramente el camino tendrá para ti.
Mi mano toca las tuyas para que nunca te falte la energía y la fuerza necesaria para apartar de tu camino los obstáculos y las tengas siempre libres para ayudar a los que encuentres caídos.
Mi mano te toca las piernas para que nunca descansen, para que te puedan llevar a donde tu espíritu te indique, dócilmente, sin ninguna protesta.
Hoy es el momento de partir, ve con Dios hijo mío y recuerda cada una de mis palabras. Vuela con el viento, viaja con el sol, aprende de las estrellas, y cuando hayas terminado tu jornada, regresa con los tuyos.
3. EL PRIMER PRINCIPIO.
El príncipe partió hacia el infinito, viajaba en un rayo de sol y anduvo en busca de su primera lección. Sus pensamientos estaban confundidos; ¿dónde tendría qué buscar, cuál sería esa primera lección, a quién podría preguntarle? Partió sin rumbo fijo, todo lo que sabía era que iba al encuentro de 10 principios que lo podrían llegar a convertir en el hombre más sabio del universo y en el más feliz de la creación, o bien, si fracasaba, podría llegar a perder a su familia.
Todo eso lo pensaba y lo repasaba una y otra vez, volteaba a su alrededor buscando alguna pista, buscando algún punto en donde empezar, pero todo era igual, estrellas, cometas, mundos que chocaban, mundos en formación, estrellas frías, solitarias, vagando por el espacio. ¿Dónde detenerse, cuál sería el primer punto donde podría él empezar su búsqueda?
En su recorrido vio pasar a otros seres que, como él, andaban buscando algo; recordó las palabras de su padre: tu camino es sólo tuyo aunque todos anden buscando lo mismo. Entonces, decidió detenerse en el primer planeta que viera; decidió, que si todos los planetas y estrellas eras iguales, lo mismo daba empezar su búsqueda en una estrella lejana o en un planeta cercano y descendió en el primer planeta que encontró. Una vez en su superficie, empezó a caminar hasta que encontró a un ser y le dijo:
_ Buen hombre, ¿podrías tú indicarme cuáles son los 10 principios que debo aprender para ser el hombre más sabio en el universo?, y el buen hombre le contestó:
_No puede haber hombres sabios en el universo, porque sólo Dios tiene la verdad absoluta y nosotros no podemos entender esa verdad.
_Pero, ¿quién es Dios?, preguntó el príncipe.
_Mira hijo, Dios es el principio que anima a todos nosotros, es como una chispa de luz que ilumina tus noches cuando te encuentras solitario y te guía dentro de tus pensamientos cuando andas en busca de algo. Mientras este diálogo se desarrollaba, pasó por allí otra persona.
_Disculpen que interrumpa su plática, pero no es a Dios a quien tienen qué buscar, sino a Alá.
_Y, ¿quién es Alá? preguntó el príncipe.
_Alá es el creador de todo lo existente, incluso, creó a ese Dios de quien te está hablando este hombre; Alá estuvo antes que todas las cosas en el universo y por El vivimos y para El vivimos.
_Esperen un momento, ¿quieren ustedes decirme que Dios y Alá son seres muy poderosos dentro de esta creación?, y el primer hombre contestó:
_Ese Dios tuyo que dices es Alá, en realidad no es sino un reflejo de mi Dios; Alá podrá ser tu guía, pero en cuanto a mí respecta, no tiene ningún poder ni sobre mi Dios ni sobre mí, porque Dios me protege. Pronto se oyó una tercera voz que se unió al grupo, diciendo así:
_Señores, dejen de discutir, pues todo lo que ustedes puedan ver, sentir y pensar, no es sino el sueño de Brahma. Brahma es ese gran ser de donde todo se deriva; vivimos como parte de ese sueño que Brahma creó en su mente por obra y gracia de su poder omnipotente; la imaginación de que existe un Dios o de que existe Alá, no es sino fruto de la voluntad de Brahma, el único que ha existido siempre, el único que existirá para siempre; aun nosotros, somos producto de su propio sueño.
El príncipe se fue alejando de esta conversación, pues lejos de aclarar sus dudas, empezaba a verse confundido, y mientras los 3 hombres seguían discutiendo acaloradamente, partió en su rayo de luz para abandonar ese planeta y siguió en busca de los 10 principios. Más adelante, decidió parar en una estrella cuyo brillo llamó su atención. Cuando llegó allí, observó a los jóvenes cantando y danzando y eso le pareció hermoso y decidió acercarse.
_¿Me permiten unirme a su celebración? les preguntó.
_Por supuesto que sí. En este lugar todos bailamos y adoramos a ese ser que nos ha creado; y el niño preguntó:
_¿Quién es el que los ha creado?
_Mira niño, el que nos ha creado a nosotros también te ha creado a ti y ha creado todo lo que puedas observar hacia arriba y hacia abajo, hacia la derecha o hacia la izquierda; todo esto ha sido creado por alguien que nos ama y que desea vernos felices por siempre.
_Pero, ¿quién es Él? insistía el niño.
_No tiene nombre, algunos lo llaman Dios, otros lo llaman Alá, otros lo llaman Brahma, en fin, tiene muchos nombres, pero es el mismo.
El niño pensó haber encontrado una clave y siguió preguntando:
_Díganme más acerca de ese principio, de ese ser tan poderoso que ha logrado crear todas las cosas.
Y los jóvenes, en sus cantos, decían:
_Cómo quieres que te expliquemos la forma en cómo Él ha creado todo, si aún nosotros no somos capaces de entender cómo es que bailamos y cantamos.
_Entonces, ¿quieres decir que no puedes decirme nada acerca de ese ser tan poderoso?
_Bueno, nadie lo ha visto, pero todos sabemos que existe.
_Pero, ¿cómo es posible que si nadie lo ha visto todo el mundo cree en Él?
_Mira pequeño príncipe, tal vez tú no lo sientas, pero a nosotros nos basta con sentirlo dentro para saber que existe.
El niño subió nuevamente a su rayo de sol y partió más confundido que antes y sus pensamientos iban de un lado para otro diciendo: primero, ese ser tiene muchos nombres; después, me dicen que es el mismo; luego, me dicen que nadie lo ha visto y, sin embargo, todos creen en El; ¿quién podrá explicarme todo esto? Y siguiendo su camino, su vista atrapó a un objeto que se veía sombrío, sin luz. Decidió investigar, puesto que su aspecto era tan extraño y cuando llegó a ese objeto descendió en su superficie y preguntó.
_¿Es ésta una estrella, o es acaso un sol? y el ser que se encontraba sentado en una roca le contestó:
_Esto solía ser una estrella, tal vez la más brillante de todo el universo, pero ahora ya no lo es.
_Pero, ¿qué fue lo que pasó, cómo es que perdió ese brillo?
_Fue la Voluntad de Dios la que hizo que esta estrella se apagara y llenara de tinieblas este lugar que antes era maravilloso.
_Un momento, dijo el niño; ¿quieres decirme que Dios es tan malvado que le robó su luz?
_Lo que quiero decir, es que si esto fue posible, fue porque Dios lo permitió.
_Pero, ¿no hubo ninguna razón especial?, ¿acaso Dios es capaz de quitar el brillo de cualquier estrella del universo sin tener alguna razón?
_Si tuvo alguna no la entendería, yo sólo sé que antes podía divertirme y pasar días y noches disfrutando de la belleza de este planeta, pero de pronto todo se ensombreció y ahora estoy condenado a vagar en esta oscuridad y, únicamente, de vez en cuando llega alguien como tú y les comento mi historia.
El niño se levantó extrañado y siguió caminando por la superficie de ese frío y oscuro planeta. Más adelante encontró una flor, una maravillosa flor. Al verla, extrañado, se le acercó y le preguntó:
_¿Cómo es posible que en este frío y oscuro planeta puedas haber florecido con unos colores tan bellos?, y la flor le dijo:
_Yo soy la esperanza; anteriormente en este planeta vivían millones de flores como yo, todo era luz y alegría, pero los seres que nos cuidaban se olvidaron de sus responsabilidades; dejaron de pensar en nosotros y se ocuparon únicamente de bailar y de cantar; se olvidaron que tenían una responsabilidad con todos nosotros. Poco a poco mis hermanos y hermanas fueron muriendo y los seres no dejaban de bailar y de cantar, parecía como si hubieran olvidado que todos en el planeta éramos hermanos y que teníamos que cuidarnos unos a otros, y entonces, después de un tiempo, todos fueron muriendo y sólo quedé yo. Un día vino un ángel del cielo y me dijo: tú no morirás porque representas a la esperanza; algún día, los hombres despertarán de su sueño y te verán y te querrán cuidar y querrán que haya muchas otras como tú y, en ese momento, mis hermanas volverán a aparecer y este planeta será nuevamente luz y alegría.
El niño se entristeció y preguntó:
_Entonces, ¿quieres decir que Dios no fue el que castigó a los hombres?
_Yo soy sólo una flor y no conozco los designios divinos, sólo puedo decirte que nosotros éramos antes una gran familia, hombres y plantas, animales y flores, todos formábamos una gran familia; creo que seguramente Dios se regocijaba en nosotros, pero un día, los hombres olvidaron su responsabilidad y fuimos muriendo; yo creo que Dios es justo porque no dejó que todo muriera, y ahora que estoy aquí, espero que, algún día, los hombres disfruten y podamos todos volver a ser lo que antes éramos.
El niño, profundamente conmocionado, acarició a la flor, subió en su rayo de sol y partió, y muy dentro, una voz de majestuosa presencia le dijo:
_Has encontrado la primera clave:
“Dios es el creador de todo lo que existe, tiene muchos nombres pero es el mismo; y Él cuida de toda su creación, pero deja que los seres humanos aprendan a cuidarla por ellos mismos.”

Y el niño siguió su camino en busca de la segunda lección.
4. EL SEGUNDO PRINCIPIO
Y el niño pensaba: acabo de descubrir el primer principio. Existe un ser que creó todo lo existente, tiene muchos nombres y todos pueden percibir su existencia aunque lo llamen de diferentes formas; El es justo y bueno y todo lo que existe, existe por El. Me gustaría aprender más de El. Y ahora, ¿dónde podré buscar el siguiente principio?
Sus pensamientos lo llevaban de una región a otra; tan sumergido se encontraba en sí mismo, que no observó que su camino lo llevaba directamente hacia la trayectoria de un gran cometa; cuando quiso reaccionar, el choque era inevitable y se vio de pronto arrastrado por la cola del cometa de una manera vertiginosa. Sus pensamientos fueron repentinamente interrumpidos y su única preocupación fue no perder el equilibrio y tratar de escapar cuanto antes de la fuerza tan poderosa que lo arrastraba. Sin embargo, el cometa ejercía tal arrastre sobre él, que, por más esfuerzos que hacía, no podía liberarse de su magnetismo, el cometa seguía una órbita elíptica alrededor de un gran sol.
El príncipe pensaba si era su destino terminar su vida atrapado en la cauda de un cometa, o bien si sería capaz de liberarse de él. Mientras hacía esfuerzos por liberarse, observó que el magnetismo del cometa lo atraía hacia el centro de él, vio que era más fácil caminar hacia el centro, que buscar alejarse de ese astro que lo arrastraba. El se decía a sí mismo, que no podía ser que a principio de su camino, tuviera que pasar por un peligro de tal magnitud. Empezaba a desesperarse y a lamentar el no tener a sus padres ni a nadie que le ayudara, cuando, entonces, decidió caminar hacia el centro del cometa buscando llegar a tocar su superficie. Avanzando lentamente por la cauda, observó que lo que parecía ser la superficie, en realidad no era sino un cúmulo de gases. Siguió hacia el centro hasta llegar a una extraña región que no era posible ser observada desde el exterior; sumergida entre nubes se encontraba una tierra misteriosa.
Una vez dentro, un extraño ser se le acercó y le increpó diciendo:
_Lamento decirte, pequeño niño, que vas a ser la siguiente víctima en honor a nuestro Dios-. El niño no podía dar crédito a lo que estaba escuchando y preguntó su explicación, a lo que el ser respondió:
_Este cometa viaja por el universo atrapando a seres para ser sacrificados en honor a nuestro Dios, y el niño respondió:
_¿Cómo es posible, que siendo Dios un ser justo, que no desea sino la felicidad y el gozo de todas sus criaturas, ustedes puedan hacer sacrificios a ese Dios?
_¿De qué otra manera podemos dar gracias a ese Dios que nos ha protegido por tanto tiempo?_, contestó el ser. Y el niño continuó su diálogo.
_¿Cómo saben que ese Dios les agradece a ustedes sus sacrificios?
_Porque nos sigue protegiendo, dijeron.
_Aun así, puede ser que Él los proteja aun sin dedicarle sacrificios.
_Tal vez, pero no podemos arriesgarnos, lo mejor es continuar con las tradiciones que nuestros ancestros nos dejaron, tú tendrás que morir en honor a nuestro Dios y esa es la última palabra.
Dicho esto, aparecieron otros seres que tomaron al niño por los brazos y lo condujeron hasta una celda. El niño se encontraba abatido; su camino apenas empezaba y la amenaza de morir a manos de desconocidos parecía ser inminente. Recordó las palabras de su padre: “todo lo que necesites lo encontrarás dentro” y entonces empezó a buscar el significado oculto de esas palabras. ¿Cómo era posible que dentro de él se encontrara la solución a este problema? Observando tras la reja, veía las actividades de esos extraños seres; iban y venían intentando impulsar a su pequeña nave espacial convertida en cometa, alrededor de un maravilloso sol y, entonces, se atrevió a preguntarles.
_¿Por qué se empeñan en tener a su nave dando vueltas sin fin a través de un sol?
_Mira niño, este sol que tú ves es quien nos ha dado la vida y por eso a él le debemos entregar víctimas, para agradecerle la vida que nos ha concedido-. Y el niño siguió pregundando.
_¿Acaso ustedes pagan con muertes la vida que Dios les ha dado? Y los seres preguntaron:
_¿Cómo es que siendo tú tan pequeño, hablas con ese lenguaje tan complicado?, ¿cómo es que tú puedes hablar de Dios, si nosotros sabemos que es un ser del que no podemos decir nada?
_Tal vez ustedes no lo sepan, pero existe un principio en el universo, el principio que dice que Dios ha creado a todos los seres de la creación, incluyendo a ese sol alrededor del cual ustedes dan vueltas. Ese Dios del que les hablo tiene muchos nombres y sólo espera que sus hijos aprendan y comprendan los principios bajo los cuales fue creado todo el universo. Yo voy en busca de esos principios y ya encontré el primero; tal vez ustedes no lo sepan, pero también andan en busca de los mismos principios.
Y mientras el niño hablaba, los seres empezaron a acercarse a la reja y empezaban a verlo extrañados. Uno de ellos le preguntó:
_¿Quieres decir, que todos nosotros nacemos para ser felices y que eso es lo que quiere Dios?
_Exactamente, eso es lo que yo he aprendido. En otros planetas he observado a los seres cantar y bailar dando gracias a Dios y ese Dios los seguía protegiendo por igual.
_¿Quieres decir que ellos no hacían sacrificios?
_Exactamente, y también me encontré a una flor que me dijo que ella era la esperanza, porque Dios había querido que ella no muriera en un planeta que estaba casi desierto; El le dijo que, algún día, los hombres reconocerían la importancia de tener a una flor con ellos y la cuidarían, y la superficie entera de su planeta se multiplicaría por millones y, entonces, todos volverían a ser felices, pero cuidando unos de otros, no haciendo sacrificios.
Y los seres extraños, seguían llegando para oír la forma como el niño les hablaba.
_Un momento-, le dijeron _ si todo eso que dices es verdad, ¿cómo es posible que nosotros, durante tantos miles de años, nos hayamos mantenido vagando, dando vueltas en círculos interminables alrededor de este sol y nunca nadie nos explicó nada?
_Tal vez muchos quisieron hacerlo y ustedes los mataron sin darles oportunidad de ello.
Los seres se miraron unos a otros y, extrañados, abrieron la puerta del niño, lo tomaron de las manos y lo llevaron hasta una cámara escondida cuya entrada se veía sombría. Cuando iban pasando, el niño observó cajas de cristal con cuerpos de seres venidos de otras partes del universo.
_Mira, le dijeron, todos ellos vinieron antes que tú y todos fueron sacrificados, ahí están sus cuerpos, los mantenemos ahí porque es un honor ser sacrificados para nuestro Dios.
El niño sintió tristeza al ver esos cuerpos porque pensó que, tal vez, ellos iban, igualmente, en busca de los 10 principios y no lograron terminar. Se acercó a una de las cajas y con lágrimas en los ojos tocó el cistal y, entonces, escuchó una voz dentro de él que decía: “No estoy muerto, la muerte no existe, es simplemente el paso de un nivel de existencia a otro”. El niño se asombró y volteó hacia las caras de los seres a ver si habían escuchado esa voz; parecía que nadie había percibido nada. Siguió hacia la siguiente cripta, tocó con sus manos el cristal y escuchó, esta vez, a otra voz que decía: “Todas las cosas viven en el universo, tienen una razón de existir; Dios nunca habría creado algo para tenerlo muerto, cada cosa tiene una razón de existencia”. El niño, emocionado, siguió hacia la siguiente cripta y la tocó esperando escuchar algún mensaje. Esta vez escuchó una voz femenina que decía: “Al igual que tú, anduve en búsqueda de los 10 principios, pero mi viaje me llevó hasta otra región de existencia; ahora que los he encontrado, deseo volver nuevamente a la existencia de tu plano, retírate de la caja porque he escogido este momento para despertar” Y, entonces, el niño, entendiendo el mensaje, volteó hacia los seres y les dijo:
_Pónganse de rodillas porque vamos a presenciar un acto que les demuestra que Dios únicamente quiere la vida para todos sus hijos.
Y los seres, asustados, se alejaron del niño y observaron, asombrados, cómo, el cuerpo de la criatura que se encontraba en la cripta, abría los ojos y se incorporaba y, entonces, el ser les dijo: “Ustedes sacrificaron mi vida hace ya mucho tiempo, hoy los perdono, pero deben aprender, que, en el universo, todo tiene vida, todas las cosas tienen la vida que Dios les ha concedido, nadie puede matar a nadie porque nadie tiene el derecho de hacerlo, sólo Dios quien ha concedido ese don a todas sus criaturas, es el único capaz de retirarlo. Enderecen sus vidas y entiendan que todo en la creación tiene una vida y que cuando aparece lo que ustedes llaman muerte, en realidad, no es sino el viaje que hace el ser desde este nivel en que ustedes se encuentran, a otro, tal vez más glorioso. Recuerden esto y nunca lo olviden”.
El ser femenino volteó hacia el niño y le dijo: “Gracias por darme la oportunidad de dar esta lección, entiéndela tú porque te la has ganado, es tu segundo principio. Tiempo es de alejarnos, tú seguirás tu camino y yo voy de retorno con los míos”. Tomando la mano del niño y haciendo un ademán, desaparecieron de la vista de los extraños seres.
El niño se vio de pronto a sí mismo, nuevamente, en su rayo de sol en que viajaba y quedó pensando por unos momentos: He encontrado el segundo principio, pero lo he recibido de otra criatura; mi padre dijo que desconfiara de todo lo que escuchara, y mientras seguía recordando las palabras de su padre, una voz majestuosa habló dentro de él:
_El segundo principio es el que te enseña que…
“…Todo lo que existe en la creación tiene vida, tal vez diferente de la tuya, pero todo tiene vida”.
Algún día llegará algo que tú reconocerás como la muerte, pero no será sino la entrada a otro mundo más maravilloso en donde tu aventura continuará”. Y el niño siguió su camino, satisfecho de haber encontrado la segunda lección.
5. EL TERCER PRINCIPIO
El niño príncipe viajaba por el espacio, pero tal vez más rápido que su nave; sus pensamientos iban y venían, recordando todos los detalles de sus últimas experiencias. Primero había aprendido que todo lo creado había sido hecho por un gran ser que únicamente deseaba la felicidad para todos sus hijos; había aprendido que cada cosa creada tenía una razón de ser en el universo; que aun cuando se le denominara de diferentes formas, era un solo ser, y deseaba que sus hijos aprendieran a convivir armónicamente y ayudarse unos a otros.
Después, aprendió que todo lo creado tenía una vida y que, aunque fuera diferente a la suya, en realidad estaba cumpliendo con algún designio divino; de aquí en adelante, debería respetar todas las cosas, puesto que todos habían sido creados con un propósito y manifestaban algún tipo de vida. Cada estrella que pasaba, cada cometa que se cruzaba en su camino, le recordaban estos dos principios y, mentalmente, los saludaba.
Su viaje lo fue llevando hacia una extraña región del universo; él seguía en su búsqueda y pensaba que todos los secretos del universo tenían que cruzarse en su camino, tal como había pasado en los últimos dos que recién había descubierto. Sin darse cuenta siquiera, su pequeño rayo de sol lo llevaba, lentamente, al encuentro de un gran planeta. El planeta se observaba con manchas oscuras y brillantes; esto llamó la atención al niño, que empezó a observarlo, sin intentar siquiera cambiar el rumbo de su nave. Poco a poco, la nave fue penetrando en la atmósfera de ese planeta y, cuando logró detenerla, se encontró en los patios de un gran castillo.
Rápidamente descendió de su nave y decidió explorar. Lo que encontró lo llenó de asombro; eran paredes muy altas en donde únicamente había una puerta; en la puerta se podía observar un letrero que decía: Esta es la puerta del bien, el que pase por aquí obtendrá todo lo bueno del universo.
Decidió pues, entrar, y la puerta inmediatamente se cerró. Cuando volvió a ver la puerta que se había cerrado detrás de él, había un letrero que decía: Esta es la puerta del mal y todo el que cruce por aquí obtendrá todo lo malo que hay en el universo.
Se sintió entonces, desconcertado; era la misma puerta y, sin embargo, en un lado de ella decía ser la puerta del bien y en el lado contrario la puerta del mal. Acostumbrado, como estaba, a encontrar sorpresas, siguió caminando en la sala a la que había entrado. Dentro encontró muchos espejos, todas las paredes estaban cubiertas con espejos de diferentes tamaños y enfocados en forma diferente. Al acercarse y observar más cuidadosamente los espejos, se dio cuenta de algo extraño; las imágenes que él proyectaba en los espejos eran distintas en cada uno de ellos. Un letrero en la pared decía: Aviso a todos los viajeros: cada uno de estos espejos refleja un aspecto de su persona, no todos son verdaderos, pero, el que encuentre su verdadero reflejo habrá alcanzado la gloria eterna.
El niño siguió caminando observándose en los espejos y en uno de ellos vio su piel de color negro; la curiosidad le ganó y se acercó, extrañado, por la imagen que estaba reflejando el espejo. Una vez que hubo observado todos los detalles pasó al siguiente y ahí encontró que el espejo reflejaba la imagen de un niño más pequeño que él, tal vez un niño recién nacido; trató de encontrar una explicación pero no podía. Pasó al siguiente y observó a un joven príncipe, orgulloso de sus dominios y sus posesiones, con la mirada déspota y observaba hacia el horizonte, tal vez, pensando en que sus dominios eran los más grandes de todo su planeta. En el siguiente observó a un anciano y en el otro a un hombre enfermo. Cada vez que se reflejaba en un espejo encontraba nuevas imágenes.
Empezaba ya a cansarse de los espejos cuando decidió pasar al siguiente salón. Cuando quiso encontrar la puerta observó, extrañado, que no existía ninguna; trató de recordar dónde se localizaba la puerta por donde había entrado y sólo encontró espejos y más espejos. En la parte superior del salón se encontraba un calendario marcando una fecha extraña e indicando los días y las horas; el niño empezó a sentirse un poco raro; pasaban las horas en el reloj, pasaban los días, y el niño no podía encontrar la salida. Los espejos entonces empezaron a reflejar imágenes de angustia, algunos de ellos empezaban a llorar, mientras que otros se enojaban y las imágenes reflejaban una desesperación que rayaba en el coraje; tal parecía como si los espejos estuviesen leyendo lo que estaba pasando interiormente en el niño.
Mientras ese reloj y el calendario daban vuelta interminablemente, el niño empezó a desesperarse y en sus pensamientos se decía a sí mismo: no sé qué está pasando, no sé cuánto tiempo llevo aquí, el calendario indica que han pasado muchos días, el reloj sigue su curso, empiezo a pensar que he dejado de ser niño, no sé en realidad cuánto tiempo llevo en este lugar y no puedo encontrar la clave del misterio que encierran los espejos. Trató de serenarse y se dirigió al espejo que le mostraba a un ser de color negro; levantó su mano derecha y la imagen levantó su mano izquierda; hizo él un movimiento hacia su izquierda y la imagen respondió con un movimiento a su derecha, y empezó a pensar: ¿Por qué los espejos reflejan la imagen al revés?, ¿por qué mi derecha es la izquierda de ellos? y ¿por qué todo es exactamente al lado opuesto?
Se dirigió a otro espejo en donde se encontraba un anciano; observó sus ojos y el anciano le respondió haciendo lo mismo; quiso ver una luz que saliera de esa mirada que lo estaba observando, pero el anciano respondió haciendo exactamente lo mismo; por un momento pensó que esa imagen correspondería a la que él tendría en el futuro, pero luego se preguntó: ¿Cuál es la imagen verdadera, la del niño o la de este anciano?, ¿cuánto tiempo llevaré aquí encerrado?, ¿quién soy realmente?, ¿cómo soy realmente? ¿cómo puedo saber el tiempo en que estoy si todo lo que observo me da pistas falsas?, ¿estaré condenado a pasar aquí el resto de mis días?
Mi padre me dijo que cuando yo lo necesitara lo encontraría dentro de mí. Se alejó de los espejos y se colocó en el centro del salón, se sentó y cerró sus ojos y empezó a llamar a su padre. Padre, hoy te necesito, necesito sentirte dentro de mí, no sé qué me pasa, este cuarto me ha llenado de confusión; no sé quién soy ni cuánto tiempo llevo aquí; los días pasan y se convierten en años; el calendario cambia las fechas, en ocasiones rápidamente y en otras muy lentamente; el reloj sigue dando vueltas y más vueltas, ya no sé si soy niño o soy joven, o he llegado a la ancianidad, necesito tu ayuda.
El niño esperó la respuesta pero no obtenía ninguna, abrió los ojos y observó algo curioso en los espejos; algunos reflejaban la imagen de su padre, mientras que otros reflejaban las imágenes a las que ya estaba acostumbrado, pero como si lucharan contra esa otra que reconocían como extraña. El niño se dirigió hacia los espejos que reflejaban la imagen de su padre, pero, en el momento de acercarse, la imagen desaparecía y aparecían las tradicionales imágenes de niños negros, ancianos y príncipes déspotas; volteó hacia atrás y vio que los espejos a su espalda estaban reflejando a su padre, corrió hacia donde estaba la imagen y nuevamente ésta desapareció.
Desconsolado el niño, no acertaba a explicarse lo que estaba pasando y gritó: padre, ¿por qué huyes de mí?, y algunas imágenes empezaron a reir a carcajadas, mientras que otras intentaban dar respuesta a su pregunta. Todo era una gran confusión, las risas apagaban el sonido de aquellas que trataban de explicar las cosas, alcanzando a escuchar la voz de una de las imágenes diciéndole: Tienes que aprender que el bien y el mal residen dentro de ti y que el mal desea tu destrucción y que el bien desea tu glorificación, palabras que no tenían ningún significado para el príncipe.
Las carcajadas seguían oyéndose y el reflejo de su padre, entristecido, se iba desvaneciendo en los pocos espejos que aún podían reflejarlo y el niño, angustiado, observaba que ya eran muy pocos los que reflejaban la imagen de su padre. Los labios de la imagen se movían, pero cada vez que él corría para acercarse y tratar de escuchar lo que decía, la imagen de su padre era desplazada hacia otro lugar de la habitación.
En un momento de desesperación, el niño cayó de rodillas y, cerrando sus ojos, se dijo a sí mismo: Tal vez he fracasado, pero sólo quiero que sepas padre, que siempre te amé y siempre quise encontrar la sabiduría, tal vez no supe buscarla, pero desde dondequiera que estés, yo te anvío mi bendición y mi gratitud.
En ese momento, todos los espejos empezaron a reflejar la imagen de su padre; el niño no podía verlas porque tenía los ojos cerrados, pero, entonces, la voz de su padre se escuchó gloriosa dentro y fuera de él: “Hijo mío, aquí estoy y siempre estaré dentro de ti, no importa lo que pase. Hoy has encontrado el siguiente principio:
“El bien y el mal residen en todas las cosas creadas”.
Manténte siempre alerta, porque, aun dentro de ti, existe la semilla de la maldad; procura que tu corazón vibre siempre en armonía y en permanente comunión con todos los seres del universo; has observado que cada espejo reflejaba una parte diferente de ti, ¿cuál es la verdadera?, nadie te lo podrá decir nunca, porque la única imagen verdadera es la que tú percibes de ti, esa que tú sientes que eres en lo más interno de ti. Todo lo que percibas del mundo puede engañarte, sólo aquello que encuentres dentro de ti te dará la clave para saber cómo guiar tus pasos por el sendero correcto. Abre los ojos y asómate a tu realidad”.
Cuando el niño abrió los ojos los espejos habían desaparecido y una gran puerta se abría en frente de él; se acercó a la puerta y encontró un letrero que decía:
Viajero del espacio, cada espejo es como otro ser humano, la imagen que tú percibiste reflejada en cada uno de ellos, es un ser humano diferente que te enseña que todos son reflejos de un mismo Dios.
El niño cruzó la puerta no deseando volver a ella, subió a su nave y partió hacia el espacio. Sin embargo, no podía dejar de pensar en ese último letrero de la puerta: “todos los espejos son como personas, reflejan a un mismo Dios”. No podía entender lo que ese principio trataba de explicarle, cuando una voz interior habló diciéndole así:
Todas las imágenes que viste fueron tuyas, y cada vez que veas a un hermano tuyo, piensa que puede ser un espejo de Dios que te está revelando algo que no conoces de ti mismo. Más adelante, en tu camino, entenderás mejor lo que quiero decirte.
Y el niño partió en busca del cuarto principio.
6. EL CUARTO PRINCIPIO
Una vez que abandonó el salón de los espejos y siguió su camino, el príncipe había dejado de ser niño; su vida había transcurrido aceleradamente dentro de aquel salón, sus pensamientos habían madurado, había aprendido que dentro de él mismo había muchas personalidades y que mientras una parte de él se sentía príncipe, la otra se sentía como un ser sin importancia; mientras que tenía un aspecto bueno, había otros malos que residían dentro de él. Estos descubrimientos lo llevaron a reflexionar cuál sería la forma de poder eliminar todos aquellos aspectos de su ser interior que le parecían malos u horrorosos.
 Sumergido en las profundidades de sus reflexiones, su camino lo llevó hasta cruzarse con otro de los múltiples viajeros del espacio. El príncipe le preguntó:
_¿Qué rumbo llevas mi hermano?
_No llevo ninguno, ¿por qué he de tener algún rumbo fijo? El príncipe le contestó:
_Bueno, me imagino que si vas viajando es porque te diriges hacia algún destino.
_Pues te equivocas muchacho, la dirección que sigue mi nave nada tiene que ver con mi destino, no importa a dónde me lleve, yo sé que alcanzaré siempre el destino que busco. El príncipe se extrañó de esta respuesta y siguió preguntando:
_¿Quieres decir que si vas para adelante o vas para atrás siempre llegarás a tu destino?
_Mira muchacho, mi destino no se encuentra en lo que puedes ver, el viaje que sigue mi nave es simplemente un instrumento que me permite caminar hacia mi interior, el destino que busco se encuentra dentro de mí y no afuera, así que la nave es circunstancial, puedo viajar en cualquier dirección y, sin embargo, la meta la voy a alcanzar porque se encuentra dentro de mí.
El príncipe se sintió atraído por esta respuesta y le preguntó:
_¿Me permitirías acompañarte en tu camino?
_Ya te lo he dicho, no voy a ningún lado, mi destino está dentro de mí.
_Sí, lo entiendo, en cierta forma yo ando siguiendo lo mismo, busco los 10 principios universales y en realidad no sé qué rumbo tomar, me da igual seguirte a ti que enfilar hacia otro rumbo.
_Si así lo deseas, entonces sígueme, y el príncipe viajó junto con este ser.
Debo mencionar que ese ser se parecía bastante al príncipe, sólo que sus pensamientos, sus palabras y su forma de moverse, correspondían perfectamente a un anciano.
_¿Cuánto tiempo llevas viajando?, preguntó el príncipe.
_Mucho, le contestó su acompañante.
_Sí, pero, ¿cuántos años?
_El tiempo no tiene sentido cuando lo que buscas es la eternidad.
_Espera, dijo el príncipe, ¿tú no tienes que llegar a tu meta en un tiempo determinado?
_No, no tengo que hacerlo.
_Pues, al parecer, tu camino y el mío sí son diferentes, yo necesito de un cierto tiempo para alcanzar los 10 principios, pues de otra forma mi familia me abandonará.
_Mira muchacho, ¿a dónde podría ir tu familia que estuviera fuera de este universo?
_No lo sé, contestó el príncipe, esas fueron las palabras de mi Padre; regresa antes que sea demasiado tarde, pero hasta después de haber encontrado los 10 principios.
_Bueno, tal vez no entendiste lo que tu Padre te dijo.
_¿Cómo es eso, cómo podría entender esas palabras?, preguntó el príncipe.
_Quizás lo que quiso decir tu Padre fue que si llegas a tomar demasiado tiempo para encontrar los 10 principios, tal vez te alejes de tu infancia, tanto, que te impida entenderlos y percibirlos.
_No te entiendo, dijo el príncipe.
_Esos principios de que te habló tu Padre, en realidad los tenemos todos dentro de nosotros.
_Sí, efectivamente, eso fue lo que dijo mi Padre.
_Pues bien, a medida que creces, los principios los vas olvidando; si tomaras demasiado tiempo tal vez nunca puedas recordarlos.
_¿Quieres decir que esa es la lección que mi Padre me dio al despedirme?
_No, no quiero decir eso, recuerda que tu Padre te dijo que no confiaras en extraños.
_Es cierto, eso fue lo que me dijo mi Padre, pero, ¿cómo es que lo sabes tú?
_Mira muchacho, en el universo todo está conectado con todo, el Padre de tu Padre tal vez estuvo muy cerca del Padre de mi Padre y si caminamos hacia atrás, en el tiempo, todos tuvimos el mismo Padre; así pues, tu camino y el mío se parecen porque los caminos de todos los seres se parecen; las palabras que tu Padre te dijo al partir es muy probable que sean las mismas que las que dijo mi Padre cuando yo partí.
_¿Quieres decir que tú también andas en busca de los 10 principios? ¿Cuántos has encontrado?, preguntó el príncipe.
_De nada serviría que yo te los dijera, de nada serviría que yo te explicara mis experiencias, recuerda que no debes confiar en lo que los demás dicen, las enseñanzas deben ser tuyas exclusivamente.
_Pero, ¿no me puedes decir, al menos, si tu camino va terminando o vas empezando igual que yo?
_Lo que sí puedo decirte es que el tiempo deja de tener sentido cuando te llenas de la inmensidad del universo. ¿Sabes cuánto tiempo llevan estas estrellas que nos rodean, aquí, suspendidas en el espacio, girando unas alrededor de otras, siguiendo una marcha interminable? ¿Sabes que nosotros también somos parecidos a las estrellas?; vamos viajando en el espacio, pero nuestro cuerpo está formado por millones de pequeños seres, pequeñas células que viajan obligadamente a donde nosotros vamos. ¿Te has puesto a pensar que para ellas nosotros somos sus dioses porque las hemos creado? ¿Te has puesto a pensar que tus decisiones son leyes inmutables para esas células? Nosotros viajamos dentro de Dios, de la misma manera como las células viajan dentro de nosotros. ¿Tendrá alguna importancia el tiempo en este viaje infinito?
_Tus palabras realmente me hacen reflexionar; seguramente has viajado mucho más que yo, porque mis razonamientos no alcanzan a entender el significado de tus palabras. Realmente me siento afortunado porque me hayas aceptado acompañarte en este camino.
_Todos somos compañeros en este camino y todos vamos juntos hacia el mismo lugar. No importa que nuestros cuerpos puedan verse con los ojos, no importa que tú puedas verme y sentir que viajas junto a mí, he estado cerca de ti desde el momento en que te encontraste con aquella flor en el planeta solitario; también estuve cerca de ti cuando fuiste atrapado por aquellos extraños seres; fui también una de las imágenes en los espejos y ahora me encuentras dentro de mi nave. ¿No te das cuenta que hemos viajado juntos y que seguiremos viajando juntos hasta el final del camino?
El príncipe se encontraba totalmente sorprendido. ¿Quién era ese ser que había estado participando de todas sus experiencias? El príncipe le preguntó:
_Pero, ¿quién eres tú que conoce exactamente los lugares por los que he pasado?, ¿cómo es posible que hayas visto lo que yo he visto?
_Ya te lo he dicho, todo está unido en el universo, no existe nada separado y lo que tú has vivido lo ha vivido el universo entero, lo que tú has aprendido lo ha aprendido el universo entero; todas tus experiencias, todos tus recuerdos, los tengo grabados en mí mismo, porque tú los donaste al universo desde el primer momento en que los experimentaste.
_Mira, tus palabras son demasiado complicadas para mí, yo no puedo saber quién eres tú ni puedo saber por lo que tú has pasado; yo sólo sé por lo que he pasado, para mí todo esto es muy extraño, tal vez me falte caminar mucho para llegar a eso que tú dices; creo que lo mejor será separarnos, pues tus palabras empiezan a confundirme. Gracias por permitirme haberte acompañado y, gracias también, por las palabras que me dedicaste.
_Muchacho, antes de que te alejes, quiero recordarte algo: no confíes en lo que ves, no confíes en lo que oigas, sólo ten confianza en lo que tú descubras, recuérdalo.
Y el príncipe se alejó. Sus pensamientos iban y venían en todas direcciones. Decidió hacer un alto en un pequeño asteroides que se encontraba flotando en el espacio, aparentemente sin ninguna dirección, se sentó en una gran piedra y empezó a meditar.
Pasó mucho tiempo, pasaron muchos días, pasaron muchos años. Cuando nuevamente volvió en sí, encontró que a su alrededor el pasto había crecido, que él mismo empezaba a confundirse con el terreno, pues las hierbas lo tenían casi cubierto. Al incorporarse lentamente, observó una multitud de serpientes, sólo que cada serpiente se mordía la cola y caminaba, no arrastrándose por el suelo, sino rodando sobre su propio cuerpo como si fueran aros que habían sido empujados por el viento. Un extraño espectáculo se abría ante sus ojos, serpientes mordiéndose la cola y rodando en una procesión interminable en todas direcciones.
Una de las serpientes chocó contra él, se detuvo y se paró sobre su cola y, mirando fijamente al muchacho, le preguntó:
_¿Quién eres tú?, no te había visto por aquí.
_Soy un viajero en el espacio que me he detenido a meditar, pero ustedes no estaban cuando yo llegué.
_Te equivocas muchacho, nosotros hemos estado aquí desde el principio de este planeta, ¿cómo es posible que no te hayamos visto llegar?
Evidentemente la serpiente mentía, pensó para sus adentros el príncipe y le contestó:
_Yo acabo de llegar, no tengo mucho tiempo de haberme sentado a meditar, ustedes no estaban aquí.
Para estos momentos, muchas serpientes se habían congregado alrededor del príncipe e inmediatamente todas ellas empezaron a protestar:
_Tú eres un extraño, no sabemos de dónde has llegado, nosotros hemos habitado este planeta desde su creación y tú no estabas, ¿de dónde, pues, saliste?_. A medida que decían estas palabras, todas empezaban a estrechar el círculo que formaban alrededor del muchacho.
Por unos momentos, el príncipe pensó que se encontraba en peligro, por lo que las detuvo, diciendo:
_Alto ahí, yo soy el espíritu de este planeta, soy su dios, retírense si no quieren que con un pensamiento las destruya a todas.
Las serpientes se alejaron inmediatamente por el temor, pero todas las serpientes del planeta empezaban a juntarse alrededor del muchacho.
_Si tú eres nuestro dios, dinos entonces: ¿por qué estamos todas aquí y por qué somos las únicas que habitamos este planeta?_. Sin saber exactamente qué responder, el muchacho contestó:
_Están aquí para descubrir los 10 principios que moran en todas las cosas y cuando así lo hagan, su vida y su mundo se transformarán y empezarán a vivir una vida nueva y maravillosa en donde todo será paz, armonía y felicidad.
Las serpientes se miraron unas a otras y dijeron:
_Tus palabras no las entendemos, todo lo que deseamos nosotras es rodar y rodar, cada vez más rápido, para poder así conocer todo nuestro planeta y ser las más ágiles de todo el universo; no sabemos que es eso de paz y felicidad, son palabras huecas; si tú eres en verdad el dios del planeta, debes poder mandarnos mensajes que podamos entender.
_Escúchenme bien: Ustedes son criaturas de este universo y todo el universo se encuentra unido, si existe algún ser en otra región de este universo que sepa lo que es la armonía, la paz y la felicidad, esas mismas enseñanzas estarán en ustedes, descúbranlas y vivirán con una mayor armonía.
Las serpientes empezaban a confundirse, lentamente, cada una mordió su cola y se alejó rodando. Todas se fueron a excepción de una, cuando estuvo sola le dijo:
_Muchacho, a mí no puedes engañarme, sé quién eres y por qué estás aquí, mi Padre me envió para decirte algo. En tus recuerdos encontrarás el secreto del siguiente principio. El príncipe se sorprendió y le dijo:
_¿Quién es tu Padre?
_Mi Padre es el mismo Padre que el tuyo, y la serpiente se alejó, subió a su nave y partió.
Tal vez nunca encuentre el cuarto principio, tal vez nunca pueda encontrar los principios superiores, pero mi destino será buscar y buscar, porque ese es el camino de todos los seres del universo.
En su interior, el príncipe tuvo nuevamente un chispazo de luz y una voz de habló así:
_Hijo mío, has aprendido algo en este viaje: Todas las criaturas del universo se encuentran unidas; no importa a dónde viajes yo estaré siempre contigo; no importa en qué lugar te encuentres, lo que tengas qué aprender estará siempre en frente de ti. Escucha bien este principio: Más allá del bien y del mal, más allá de las imágenes de los espejos, más allá de tus hermanos hombres y serpientes, más allá de todas las aparentes diferencias y contradicciones que puedas encontrar en tu vida, todo se encuentra en armonía, todo se encuentra en paz, todo se encuentra en unidad. Las contradicciones se disuelven, el bien y el mal se funden en un solo principio, “EL EQUILIBRIO”. Tu compañero de viaje te enseñó lo que era el equilibrio, no existe derecha ni izquierda, arriba o abajo, en el universo, no existen los aciertos y los errores, todo eso se funde en el camino interior que te llevará hacia ti mismo. Detrás de cada lección, detrás de cada error, siempre encontrarás algo que aprender, no lo olvides:
“Todo está en equilibrio, todo está en unidad”.
Este es el cuarto principio.
Y el príncipe siguió viajando, esta vez sin rumbo fijo, sabiendo que de todas formas habría de llegar a su destino.
7. EL QUINTO PRINCIPIO
El joven príncipe viajando nuevamente por el espacio, reflexionaba en el cuarto principio recién descubierto: “El Equilibrio”. Si bien había aprendido que existían fuerzas contrarias en el universo, el bien y el mal, que según le habían explicado moraban en todos los seres, ahora, acababa de descubrir que estas fuerzas permanecían siempre en equilibrio, permanecían siempre armonizadas. El pensaba para sus adentros: los seres malos no son totalmente malos; los sere buenos no son totalmente buenos, el bien y el mal moran en todas las cosas pero se mantienen en equilibrio; seguramente, cada uno de nosotros buscamos mantener ese equilibrio, algunos lo logran siendo malos, mientras que otros lo hacen siendo buenos.
Mientras eso pensaba, su viaje lo fue acercando hasta una gran nube; él la observaba sin prestarle mayor atención. Me estoy acercando a una nebulosa, pensó para sus adentros, pero cuando hubo atravesado las primeras capas de nubes se encontró que existía un planeta en el centro de ellas. Decidió bajar y explorar.
Una vez que empezó a caminar sobre la superficie observó que existían dos lunas, una blanca y otra negra. Extrañado, empezó a preguntarse cómo era posible que ese planeta tuviera una luna negra y otra blanca; una giraba en una dirección, mientras que la otra lo hacía perpendicularmente a la primera, y dijo: ¡vaya que es extraño este planeta!. Caminando se fue acercando hasta la orilla de lo que parecía ser un gran lago o un mar y, pronto, unas pequeñas criaturas salieron del mar y empezaron a rodearlo; parecían peces, pero tenían extremidades que les permitían caminar también sobre la tierra. El joven príncipe los miró extrañado y preguntó:
_¿Quiénes son ustedes?, ¿cómo se llama este planeta?
El pez que parecía encabezar al grupo contestó: _Estás en el planeta de las dualidades, aquí todo es dual, tienes que aprender que en nuestra tierra todo lo que veas tendrá siempre dos lados. Si nos acompañas te mostraremos el lugar donde vivimos.
_Lo siento mucho, contestó el príncipe, pero yo no puedo andar dentro del agua.
_No importa contestó el pez, de todas maneras nos acompañarás, y diciento esto, las extrañas criaturas sujetaron al príncipe y lo empezaron a arrastrar hacia dentro de las aguas.
La acción fue tan rápida que el príncipe no tuvo tiempo de responder, el miedo lo invadió mientras su cuerpo iba siendo cubierto por las aguas. Cuando todo fue cubierto y sus ojos se abrieron, observó que podía, no sólo caminar, sino también respirar bajo el agua. Antes de que pudiera explicarse cómo era eso posible, fue encaminado hacia una gran cueva en cuyo centro se encontraba un gran trono y, majestuosamente sentado en el centro, se encontraba quien, seguramente, era el rey de todas las criaturas.
_Bienvenido a nuestra tierra, le dijo el pez rey. El muchacho contestó:
_¿Cómo es que yo puedo respirar aquí? y, ¿por qué dices tierra si esto es más bien agua?
_Hay muchas cosas todavía que no entiendes, para eso has venido aquí, contestó el rey pez.
_¿Cómo es que tú sabes a lo que he venido?, ¿cómo es que sabes que yo necesito aprender algo?
_Muy sencillo, te vi por los espejos.
_¿Tú también te encontrabas en los espejos, en las imágenes de los espejos? le preguntó el príncipe.
_Claro que sí, todos en el universo estábamos en los espejos, todos te vimos, tu imagen fue proyectada hacia todos los puntos del universo y por eso tu nave viajó hasta aquí, porque creemos que tenemos algo que podemos enseñarte.
_Espera, dijo el muchacho. Empiezo a pensar que todo lo que he estado viviendo es como un juego y que todos se han puesto de acuerdo para que yo camine por ciertos rumbos, ¿tú conoces a mi Padre?
_Todos conocemos a tu Padre, eso no es nada extraño en este universo, pero, si lo que quieres preguntar es que si tu Padre habló conmigo, la respuesta es no.
_Entonces, ¿quieres decir, que tú y mi Padre no están puestos de acuerdo para que me enseñes algo?
_No.
_Y, ¿también sabes por todas las aventuras por las que he tenido qué pasar?
_Sí.
_¿Cómo es, entonces, que sabías que iba yo a llegar aquí?
_Porque el universo me lo indicó.
_Pero, ¿cómo es que hablas con el universo?, ¿cómo es que el universo puede decirte cosas?
_Porque el universo habla con todos los seres.
_Y, por qué yo no puedo escuchar lo que el universo dice?
_Porque no has encontrado los 10 principios.
_¿Quieres decir que cuando los encuentre, el universo me va a decir cosas y las voy a entender?
_Exactamente.
_Y, ¿todo el universo sabe que ahora estoy aquí contigo, hablando?
_Exactamente.
_Bueno, pues, enséñame entonces el siguiente principio.
_No puedo.
_Pero ¿No dijiste que tenías algo que era para mí y que sería importante que yo conociera?
_Sí, sí lo dije.
_Y, ¿no es el siguiente principio el que vas a enseñarme?
_No.
_Entonces, ¿qué es lo que vas a mostrarme?
_Vamos para que lo comprendas_. Y, diciendo esto, el rey pez fue nadando frente al príncipe para encaminarlo hasta una gran cámara. _Verás, le explicaba: dentro de esta cámara a la que tú entrarás solo, observarás algunas cosas que te harán reflexionar. Lo que verás dentro tiene que ver con todo el universo, son los ingredientes con los que fueron conformadas todas las cosas de este universo. Entra y aprende.
El joven abrió la puerta de la cámara y vio que todo estaba obscuro; se detuvo un poco, vacilante, pero la puerta se cerró detrás de él. En esos momentos, el príncipe sintió que un escalofrío recorría por su columna vertebral. Empezó a caminar sin saber exactamente dónde estaba y, a cada paso que daba, sentía que su cuerpo se hacía más y más pesado, sentía que no podía ya caminar. Pronto, sintió que su cuerpo se estaba apoyando sobre el suelo, no sabía si se había caído o si era algo que se aproximaba a su cuerpo. Empezó a sentir a su cuerpo en forma extraña, empezó a sentir un impulso irresistible de ondularse, de moverse en ondas y así lo hizo y, para su sorpresa, su caminar se tornó más rápido, pero ya no caminaba, más bien nadaba.
Pocos momentos después, descubrió que su cuerpo era, en realidad, de un pez. No pudo mover sus brazos por la simple razón de que se habían convertido en aletas; su cuerpo había sufrido una transformación increíble, ahora nadaba y una extraña sensación impregnaba todo su cuerpo. Empezó a moverse lentamente, primero, y después más rápidamente. Empezó a ver lo que significaba vivir en un mundo de agua. Empezó a nadar y a nadar hasta que observó una luz a lo lejos. Rápidamente se dirigió hacia ella y fue tanta la rapidez con que nadó hacia la luz, que cuando llegó hasta ella se dio cuenta, sin poderse detener, que había dado un salto hacia la superficie de una playa. Quedó tirado en la arena con su cuerpo de pez sin poder moverse; por más que se estremecía, su cuerpo no alcanzaba el agua. Empezó a sentir que el aire le faltaba, porque, en realidad, era el agua lo que lo estaba asfixiando. Se movía desesperadamente, mientras las olas del mar humedecían únicamente su cuerpo sin llegar a cubrirlo. Poco a poco las fuerzas lo fueron abandonando, se sintió sofocarse, sintió que el agua le faltaba, supo lo importante que era el agua para los peces, y recordaba, cuando había sido hombre, lo que el aire significaba para él.
Cuando estaba a punto de perder la conciencia, sintió que era alzado por encima de la arena; un ser extraño lo había tomado entre sus manos, lo miraba extrañado y con un movimiento brusco lo lanzó hacia el aire. Sintió que se alejaba más y más del agua y de la tierra, sintió que su cuerpo empezaba nuevamente a transformarse, sintió que ya podía mover sus manos y empezó a moverlas con fuerza y, para su sorpresa, su caída empezó a detenerse; empezó a observar que mientras más rápido agitaba sus manos, su caída se aminoraba más y más. En esa caída vertiginosa observó, como un parpadeo, al ser que lo había empujado hacia el cielo y vio que se reía; lo buscó nuevamente con la mirada y observó que en sus ojos había un brillo extraño. Tan concentrado se encontraba en la figura de ese ser que lo había lanzado a los aires, que no se dio cuenta de que ya no estaba cayendo, que se encontraba volando, y, hasta entonces, se percató que su cuerpo, en realidad, ahora, era de un ave, un ave de blanco plumaje.
Su deseo era acercarse a ese ser, por lo que voló hacia él y se posó nuevamente en la tierra. Quiso hablarle al extraño y su voz se oyó como graznidos. El ser lo miraba y sonreía cada vez más, mientras el príncipe deseaba hablar y de su boca no salían más que agudos graznidos. El ser reía cada vez más fuerte y su voz retumbaba en los oídos del príncipe. Desesperado, el príncipe se le acercó y quiso tocarlo y observó que sus alas eran enormes y que, en realidad, lo que estaba haciendo era ocasionándole más risa a ese extraño que tenía en frente. Desesperado, el príncipe alzó el vuelo y trató de posarse a la altura de los ojos del ser, le lanzó una mirada y pensó fuertemente: Si de verdad todo el universo está conectado, tú ya sabes lo que quiero preguntarte, contéstame y deja de reirte. En esos momentos el ser dejó de reir, le extendió la mano para que posara su cuerpo sobre ella y se dirigió hacia una roca, ahí lo depositó suavemente, mientras él se sentaba frente a él.
_Escúchame bien, príncipe, que aunque tú no puedas hablarme, sé perfectamente cuáles son tus preguntas.
Toda tu vida la has vivido en la tierra, ahora ya viste lo que significa el agua para los peces y debes aprender lo que significa el aire para las aves y más tarde aprenderás otra lección de la cual nada puedo decirte. La enseñanza que se encuentra detrás de tus experiencias, sólo tú podrás descifrarla; tanto tus amigos los peces como yo, aquí en la tierra, no somos sino auxiliares del universo en la tarea de mostrarte los 10 principios, así pues, ya te he dicho todo lo que podía decirte, alza el vuelo y aprende lo que es el aire. Yo tengo que irme, hay muchas cosas importantes en mi vida como para seguir platicando contigo, además, tu no puedes decirme nada, parece que has perdido la voz y, sonriendo, se alejó.
El príncipe, sumido en sus reflexiones, alzó el vuelo sin saber qué rumbo tomar; al menos esta vez no había angustia en su mente, sabía que, en cierta forma, su Padre lo estaba siguiendo, sabía que todo lo que le pasara estaba dentro del plan que el universo tenía para todos los seres y, mientras volaba, observó que grandes nubes empezaban a obscurecer el panorama. Aunque no podía ver de donde provenía la luz, pues no observaba a ningún sol, las nubes empezaron a cubrir todo el cielo y de las nubes pasaron los relámpagos y los rayos y empezó a caer una lluvia como nunca antes había experimentado. El agua golpeaba fuertemente sus alas, el aire silbaba y entorpecía su camino; decidió entonces bajar a tierra a esperar que la tormenta cesara, pero, bajo él, sólo se extendía una capa inmensa de agua. Trató de recordar en qué dirección se encontraba la tierra para dirigirse hacia ella, pero no pudo observar, se encontraba totalmente perdido en medio de una tormenta y abajo no había sino el inmenso mar.
Desesperado, buscaba un lugar donde posarse, pero no podía ver sino agua en todas direcciones; trató de bajar a la superficie del mar buscando descansar, pero se encontró que el oleaje estaba sumamente agitado, si se posaba sobre la superficie, inmediatamente sería cubierto por las olas, inmediatamente se vería sumergido dentro del mar. Sentía su cuerpo húmedo y cansado, sentía que no podía ya más volar, empezó a planear, dejó sus alas extendidas y empezó a dejarse llevar por las corrientes de aire que, junto con el agua, formaban la tormenta. Exhausto, vio cómo iba perdiendo altura, no había manera de mantener el vuelo, sus alas ya no tenían fuerza para seguir moviéndose. En esos momentos, sintió que iba a ser estrellado contra la superficie del mar, el miedo lo invadió y en el momento preciso, justo en el lugar donde iba a caer, un gran remolino se formó y cayó, no sobre el mar, sino sobre el hoyo de ese grn remolino de agua que se había formado en el mar. Sintió su cuerpo dar vueltas y vueltas y sintió que caía en un pozo profundo.
Cuando tomó conciencia del lugar, todo estaba en calma, ^Jtodo, a excepción de una pequeña piedra que se encontraba en el centro de toda esa obscuridad; no podía ver nada, no podía moverse, no sabía si era pez, o si era ave, o si era hombre, todo lo que podía ver era una extraña piedra magnética que despedía una luz tenue de color azulada y de la cual salían chispas como pequeños rayos de tormenta, parecían electrificadas. Imposibilitado de moverse, pensó:
_¿Qué significará todo esto?, ¿en dónde estoy?, ¿qué soy ahora? Y la piedra contestaba:
_Ahora no eres nada, sólo un chispazo de luz, sólo un chispazo de luz emanada de mí mismo_. Mientras hablaba, la piedra parecía incrementar su actividad eléctrica y se apagaba. Quiso moverse para acercarse a ella y no pudo. La piedra contestó nuevamente:
_No tienes cuerpo, yo soy el creador de todas las cosas, tú saliste de mí y ahora eres obscuridad; la única forma de que tomes nuevamente conciencia es que regreses a mí, pero no puedes moverte. El príncipe se extrañó aún más y preguntó ingenuamente:
_¿Cómo quieres que regrese a ti si no puedo moverme?, es ilógico lo que dices, y la piedra volvió a contestar:
_La lógica del universo no es tu lógica, yo he creado todas las cosas del universo, tú eres una creación mía, pero, porque te has alejado de mí, ahora estás en la obscuridad, perteneces a ella, yo soy la luz, yo soy el fuego, tu eres la obscuridad, necesitas regresar a mí para que sepas quién eres.
_Yo se quién soy y tú no puedes ser el creador del universo, porque el creador es Dios.
_Yo soy Dios_, contestó la piedra.
El príncipe quedó, por unos instantes, desconcertado. ¿Cómo era posible que esa piedra que estaba observando pudiera ser Dios? La imagen que tenía de ese Dios creador de todas las cosas, era infinitamente mayor que esa piedra que se encontraba brillando en la obscuridad. El príncipe preguntó:
_Si tú eres Dios, entonces, tu deseo es que yo aprenda los 10 principios. Si tú deseas que me acerque a ti, ¿cómo entonces, me quitas el movimiento?, ¿cómo entonces, esperas que yo pueda seguir buscando si no puedo ni moverme?
_Joven príncipe, caminante del cielo, yo no tengo deseos ni espero nada, yo simplemente creo al universo, la obscuridad es parte de mí y la luz lo es también; la tierra de donde vienes, el agua por la que has pasado, el aire en el que has volado, todo se sintetiza dentro de mí que soy el fuego. ¿Por qué he de tener esperanzas de que tú hagas algo?, ¿por qué he de tener deseos de que tú hagas algo?, para mí todas las criaturas del universo son iguales, todas están dentro de mí.
_Un momento, _contestó el príncipe_, yo partí en un viaje en el cual mi Padre me encomendó aprender los 10 principios con los cuales fue creado el universo; eso significa que mi Padre me envió a conocerte a ti. Si hoy te he encontrado, quiere decir que todos los principios pueden ser revelados por ti para mí; quiere decir que he llegado al final de mi camino; quiere decir, entonces, que voy a poder volver a donde está mi Padre; quiere decir que estoy a punto de encontrar el resto de los principios que me faltan por descubrir.
Y mientras el príncipe reflexionaba en voz alta, hablando con la piedra, la piedra permanecía callada. El muchacho seguía pensando en voz alta. _Entonces, si he llegado hasta Dios, estoy en el corazón de toda la sabiduría del universo, aquí me puedes revelar todos los secretos, esto es lo que necesitaba, ahora sólo falta que tú me los digas._ Y, entonces, la piedra se rompió en mil pedazos y un enorme ser apareció en su lugar, un ser que echaba chispas por todo el cuerpo, una luz azulada electrificaba todo lo que tocaba; extendió su mano imponente, en esa región de la obscuridad en donde se encontraba el príncipe y lo tomó violentamente, lo levantó hasta la altura de sus ojos y le dijo:
_Torpe príncipe, has hecho caso de lo que te decía un extraño, desoíste el consejo de tu Padre, te dejaste engañar por lo que te decían afuera y olvidaste que sólo tú podrás encontrar los secretos; ahora has perdido tu oportunidad y quedarás eternamente sumergido en la obscuridad, no podrás ver nada ni sentir nada, no tienes cuerpo, sólo eres un punto de obscuridad, piérdete en ella. Alzó su mano y lo aventó hacia la obscuridad.
El príncipe se encontraba infinitamente asustado, no tenía cuerpo, no podía moverse, sólo pensaba; ya no podía ver la piedra ni al ser, ya no había nada a su alrededor, ni arriba, ni abajo, ni adelante, ni atrás, ni a su derecha, ni a su izquierda; reconocía que efectivamente se había dejado engañar por las palabras de la piedra. Quería llorar pero no tenía ojos, quería gritar pero no tenía boca, quería tocar su cabeza pero no tenía cabeza, ni manos, ni alas, ni aletas. ¿Qué es esto?, pensaba, nuevamente he fracasado, ¿qué significa todo esto?, de verdad habré perdido el camino?, ¿habré perdido la oportunidad? Y su mente regresó a su lejana infancia y recordó el momento en que su Padre lo estaba despidiendo y le decía:
No importa dónde te encuentres, Yo estaré siempre contigo. Ahora se sentía solo y, sin embargo, esas palabras las recordaba una y otra vez, hasta que, en un chispazo de conciencia, se dijo: Si mi Padre no me mintió y hasta ahora nunca lo ha hecho, quiere decir que mi Padre se encuentra en algún lugar dentro de mí y dirigió sus pensamientos hacia su Padre, diciendo así:
_Padre mío, hoy te necesito más que nunca, he pasado por la tierra y supe lo que era vivir como hombre, pasé por el agua y supe lo que era vivir como pez, volé por los aires y supe lo que era la vida de una ave, me he encontrado con el fuego, con la electricidad y he sabido lo que es estar en contacto con el fuego y ahora estoy sumergido en medio de tinieblas, ¿dónde estás Padre, para que me ayudes?, y muy dentro de él se escuchó otra voz que decía lo siguiente:
_El universo entero está compuesto por la tierra, el agua, el aire y el fuego; lo sólido, lo líquido, lo gaseoso y lo etérico. Has visto la naturaleza de las cosas, has aprendido que el universo entero no es sino la combinación de 4 cosas y ahora la obscuridad te envuelve.
¿Qué es lo que separa la obscuridad de la luz? Piensa hijo mío, ¿qué es lo que separa la obscuridad de la luz?
El joven quería que su Padre siguiera hablando, pero su voz calló y, entonces, su mente se enfrascó tratando de resolver el enigma. ¿Qué separa la obscuridad de la luz? Empezó a recordar todo lo que había escuchado en su viaje. El bien y el mal residen en ti. Cada una de las imágenes de los espejos representa una parte tuya. Todo lo que te pasa es escuchado por el universo. Lo que tú experimentas lo experimenta el universo. Todas esas frases circulaban por su mente hasta que, de pronto, se hizo la luz en su mente y dijo:
_Lo que separa la luz de la obscuridad soy yo mismo, puesto que soy parte de todos y estoy en todos, de la misma manera como el universo está en mí. Yo soy la luz y soy la obscuridad y en estos momentos escojo ser la luz, y en ese instante, justo cuando el príncipe decretó esas palabras, “Yo soy la luz”, “Yo soy la luz”, nuevamente las palabras majestuosas se escucharon dentro de su ser:
“El universo entero ha sido creado siguiendo el orden de los 4 principios: Tierra, Agua, Aire y Fuego, (sólido, líquido, gaseoso y etérico); todo está en ti y tú escoges lo que quieres ser”.
Éste es el quinto principio. Y su nave se enfiló hacia nuevas aventuras.
8. EL SEXTO PRINCIPIO.
Después de la experiencia que había pasado en aquel mundo extraño y el enfrentamiento que tuvo con el ser de la piedra, el joven príncipe sentía deseos de estar solo, sentía que había muchas lecciones que aún no podía asimilar; sus pensamientos iban y venían tratando de recordar cada instante, cada palabra, cada imagen, de lo que había experimentado. Recordaba la extraña sensación que tuvo cuando vio que podía respirar bajo el agua. Recordó, igualmente, cuando lo sacaron del agua y sintió que se ahogaba y cómo aquel ser lo lanzó al espacio y empezó a volar y volvió a experimentar la dicha inefable de sentirse libre y remontarse por los espacios. Recordó su encuentro con la tormenta y cómo ésta lo precipitó hacia el fondo de un remolino. Trataba de recordar, paso a paso, la conversación que tuvo con aquel ser extraño de la piedra. Yo soy Dios, le había dicho, y no me interesa si tu te alejas o te acercas; si encuentras los 10 principios o si no los encuentras, siempre estarás dentro de mí, siempre serás parte de mí.
El camino interior.
Mientras su mente recordaba las imágenes que había visto, una voz resonó en su interior:
“Hijo mío, hasta ahora has caminado por el mundo de los sentidos; el universo que nosotros habitamos está compuesto de dos partes, una de ellas la puedes ver, tocar, sentir, la otra, mora en tu interior. Los principios que hasta ahora has descubierto son aquellos que el universo ha reservado para el mundo de los sentidos; los otros principios no podrás encontrarlos a través de los sentidos, tendrás qué buscar dentro de ti, tendrás que aprender a descubrir ese mundo interior desde donde yo te estoy hablando. Ten presente mis palabras porque tu camino empezará a llevarte por terrenos aún más sorprendentes”. Las palabras callaron, el silencio se hizo en la mente del joven príncipe mientras él trataba de seguir escuchando más, dado que lo que le habían dicho carecía de significado, todavía, para él.
Su viaje siguió sin saber a dónde ir, sin tener algún punto fijo, sin tener prisa, sin estar perdido. De pronto, en su mente, aparecieron nuevamente las palabras que aquel ser le dijera: “No voy a ningún lado, ¿acaso tengo que tener un destino para viajar?”. Recordó que esas palabras le intrigaron y que ahora, ante lo que había escuchado internamente, tomaban un nuevo significado. Si los otros cinco principios se encontraban dentro de él, ¿qué importaba hacia dónde enfilara su nave?, ¿qué importaba si viajaba en una dirección o en otra, si iba hacia delante o hacia atrás?, su camino ahora empezaba a ser interior.
El príncipe se dijo a sí mismo:
_Si lo que falta encontrar está dentro de mí, pues, entonces, buscaré en cada rincón de mi cuerpo, en cada rincón de mi mente, hasta encontrarlos, porque una nueva esperanza se ha despertado en mí; siento que he avanzado en el camino y siento que de aquí en adelante el resto deberá ser más sencillo.
Una luz iluminó su nave. Buscando, el príncipe, encontró que su recorrido lo había llevado hasta entrar en contacto con uno de los grandes anillos que rodeaban a un inmenso planeta. La nave se había iluminado con un color ligeramente naranja; encontró entonces, que todas las cosas que veía habían tomado el color naranja, su nave parecía extraña, él mismo se percibía extraño, todo era de color naranja. Poco a poco, el color fue cambiando al seguir la nave su recorrido y una luz azulada iluminó todo el interior de su nave; ahora todo se volvía azul, un azul tenue pero de agradable aspecto a sus ojos. Más adelante todo se tornó verde y, así, fueron transcurriendo color tras color y la mente del príncipe se despertó diciendo:
Yo sé que estos colores que hoy percibo en mi nave no son los reales, yo sé que estos colores están siendo influidos por la luz que proviene del exterior; ahora, debo preguntarme: ¿Cuál será el color real de las cosas que siempre he visto, éste que hoy estoy viendo a través de los anillos de este planeta, o el que siempre he visto y que es probable que también se encuentre influenciado por la luz que percibimos? ¿Cuál es la verdad?, ¿cuál es la verdad de todas las cosas? Y su nave atravesó los anillos y siguió viajando por el espacio, pero, en la mente del príncipe, había una pregunta sin respuesta.
Las cosas tal vez no sean como yo las he visto siempre, tal vez una luz de un especial color haya iluminado siempre las cosas haciéndome creer que son del color del que siempre las he visto, pero, cuando esa luz cambia, todo cambia y las cosas permanecen tan desconocidas y misteriosas como antes de haberlas visto. ¿Será así todo en el universo?, ¿será que lo que pasa con los colores de las cosas, también pasa con los olores, y también pasa con las sensaciones que se perciben al tocarlas? ¿Será que nuestros sentidos nos engañan todo el tiempo y las cosas no son como parecen ser? Y, entonces, en sus meditaciones, el príncipe cayó en sueños y, en su sueño, él veía que una extraña criatura se paraba frente a él y le decía:
_“Vas a ser pequeño, muy pequeño, tu tamaño se reducirá infinitamente y, entonces, empezarás a conocer las cosas”_ y veía cómo el extraño ser alzaba su mano y él empezaba a reducir su tamaño, sentía que su cuerpo se encogía y se encogía de una manera increíblemente rápida y, de pronto, las cosas que antes percibía como pequeñas resultaban gigantescas ante sus ojos y su tamaño siguió encogiéndose y encogiéndose y vio que las cosas estaban formadas por pequeñas partículas, siempre girando o siempre vibrando; las formas que antes percibía desaparecieron y ante sus ojos se abrió un mundo maravilloso de planetas en movimiento.
Internamente, él sabía que esas partículas formaban el cuerpo de las cosas que él antes podía ver y tocar, pero, ahora, era tan pequeño, que era capaz de percibir a esas partículas, y su tamaño se seguía reduciendo, y las partículas que antes veía vibrar y moverse ahora resultaban tan grandes, que parecían soles y planetas. De pronto se vio parado en uno de ellos, era inmenso como un planeta y veía lunas girar en todas direcciones. Empezó a observar que ese planeta no estaba deshabitado, que había seres parecidos a él y que, en cierta forma, todo le resultaba familiar y él pensó:
_Podría haber estado aquí y pensar que era mi planeta, sin embargo, sé que éste es uno de los pequeños corpúsculos que forman las cosas que en mi mundo normal son pequeñas; si no recordara que me he hecho pequeño, podría pensar que es mi mundo_. En ese momento, el proceso de empequeñimiento se detuvo y empezó a hacerse grande y más grande y más grande nuevamente; el mundo se encogió, las partículas se hicieron cada vez más pequeñas y de pronto vio al ser que lo había hecho pequeño, siguió creciendo hasta tomar su tamaño normal y el extraño ser le dijo:
_“Medita ahora en lo que has visto y piensa cómo transcurre el tiempo para esos seres”_. Despertó de su sueño, muy extrañado, y el príncipe se vio en el espejo y vio su cara muy madura, parecía haber envejecido y un chispazo se abrió ante su mente.
_Es probable que este mundo, esta nave, este espacio por el que voy viajando, en realidad, sea tan sólo una parte de un mundo infinitamente mayor, ¿cómo saber ahora cuál es mi verdadero mundo, si éste en el que me muevo, el otro en el que acabo de soñar o uno infinitamente grande en donde normalmente vivo y que por algún extraño fenómeno me he encogido hasta vivir en éste? ¿Cuál es la verdad? He aprendido que las cosas tal vez no sean del color que siempre las he visto y ahora entiendo que las cosas tal vez no tengan el tamaño que yo siempre había creído que tenían_. Su confusión fue creciendo y creciendo, su mente parecía darle vueltas, se sentía profundamente turbado, detuvo la marcha de su nave y dejó que ésta vagara solitaria en el espacio, tomó una posición de meditación y empezó a llamar a su Padre.
Si las cosas no son como parecen ser, si el universo no es como yo creía que era, entonces, ¿quién soy yo? Esos corpúsculos que vi en mi sueño seguramente también pueden estar dentro de mí, tal vez yo soy un conglomerado de corpúsculos en donde habitan otros seres, soy inmensamente grande e importante para ellos y, sin embargo, tal vez yo también sea tan sólo una parte de otro ser infinitamente mayor. ¿Quién soy? ¿Quién eres tú, Padre?, atiende mi llamado, mi mente se encuentra confundida; esta nave, los seres a los que he conocido, las experiencias por las que he pasado, son reales o ¿han sido tan solo producto de mi imaginación?, ¿qué significa todo esto? Pero, su Padre, no respondió.
Extendió su mano el príncipe y clavó su mirada en ella, preguntándose si dentro de su mano no vivirían humanidades enteras. ¿Hasta dónde llegaría esa interminable cadena de creaciones más pequeñas y, ¿hasta dónde llegaría el tamaño del universo, si se pudiera ver con los ojos de un ser gigantesco? ¿Dónde estoy?, ¿quién soy?
Sintió que sus ojos se empezaban a nublar de lágrimas, sintió una profunda tristeza, se sintió solo en medio del universo, sintió la importancia que para esos corpúsculos que formaban su cuerpo, para esas humanidades que vivían dentro de él, tenían sus decisiones. Por primera vez sintió, que, tal vez, su inmadurez, su falta de preparación, había afectado la vida de todos esos pequeños seres; sintió una profunda compasión por ellos, pues él no sabía cómo ser Dios para ellos, él no sabía dirigir sus vidas, pues ni él mismo había podido encontrar los 10 principios del universo. Un profundo amor surgió dentro de él hacia su cuerpo, hacia todo ese universo que él mismo llevaba dentro. Una gran energía de amor hacia él mismo y lo que representaba para esas criaturas que vivían dentro de él, surgió de su corazón y empezó a bañar cada rincón de su cuerpo y, entonces, una voz en su interior resonó solemnemente:
_“Hijo mío, has encontrado el siguiente principio, tú eres un Dios para ellos, lo que tú decides afecta inevitablemente a tus criaturas. Cada célula de tu cuerpo y cada átomo que forman esas células son criaturas tuyas por las que tendrás qué velar y cuidarlas porque ellas dependen enteramente de ti. Recuerda las luces que viste, recuerda el sueño que tuviste y recuerda que, más allá de esos cuatro principios que aprendiste en tu experiencia anterior, se encuentra un quinto;
“Más allá de lo sólido, más allá de lo líquido, más allá de lo gaseoso, más allá de lo ígneo, está la esencia de las cosas y esa esencia es la misma para todos”.
Esos corpúsculos que hoy viste forman lo sólido, lo líquido, lo gaseoso y lo ígneo, son las criaturas básicas que forman a todo el universo, recuérdalo siempre, recuerda que estás transportando a un universo dentro de ti, entiéndelo y sé consciente de ello, porque hoy, la luz se ha hecho en ti”.
Y la nave del príncipe reinició su marcha, sin ningún rumbo fijo, sin ninguna prisa.

9. EL SÉPTIMO PRINCIPIO
Su nave enfilaba sin ninguna dirección determinada; ensimismado en sus propios pensamientos, dejaba que fuera el destino el que guiara su nave. El pensaba:
_Si el universo está aquí para revelarme los 10 principios, no importa hacia dónde encamine mis pasos, sus leyes vendrán a mi encuentro. Ahora comprendo por qué aquel ser tenía tan poco interés en que yo le acompañara y por qué su nave no tenía una meta fija; en este momento me encuentro en la misma situación, mi vuelo por el espacio es circunstancial, lo que me interesa es descubrir los principios que me faltan conocer dentro de mí tal y como me fue anunciado.
Su nave empezó a ser atraída hacia un punto del espacio. El príncipe observó, primero, con curiosidad, después, con interés, el extraño fenómeno; su nave adquiría cada vez mayor velocidad y empezó a observar que pequeños asteroides y planetas también se dirigían vertiginosamente hacia el lugar del que no podía verse sino obscuridad, en el espacio. A medida que su nave adquiría mayor velocidad, observaba cómo, en realidad, pareciera que un sinfín de cuerpos espaciales estuvieran siendo atraídos hacia ese rincón obscuro del universo. El príncipe empezó a sentir un ligero estremecimiento.
¿Hacia dónde estaba siendo atraída su nave? Un ligero presentimiento empezó a indicarle que corría peligro; sus pensamientos se sensibilizaron diciendo:
¿Qué puede haber en el universo que represente un peligro para otra criatura, si todas somos hijas del mismo Dios?
Sin embargo, su velocidad era cada vez mayor y los planetas que iban delante de él en esa vertiginosa carrera empezaban a desaparecer, llegado a un determinado punto. El quería observar algo pero no podía ver nada, parecía como si todos los planetas empezaran a ser absorbidos por algo obscuro que se encontraba en esa región del universo. Mientras su nave se acercaba, sus pensamientos ya no pudieron ser controlados, el miedo lo estaba dominando.
¿Cuál sería el final de esa loca carrera?, ¿por qué los aerolitos y los planetas desaparecían de pronto ante sus ojos?, ¿qué era aquello que estaba atrayéndolo y por qué todas las criaturas, estrellas, soles y, tal vez hasta galaxias enteras, corrían sin parar hacia ese rincón del espacio? Cuando el miedo era ya casi incontrolable, una voz de su interior, majestuosa y serena, habló dentro de él.
_Hijo mío, te aproximas a un hoyo negro, recuerda lo que te he contado acerca de ellos y manténte preparado porque muy pocos pueden salir de esta prueba.
El príncipe intentó serenarse, pero el anuncio de su Padre lo había llenado de inquietud. Empezó a ver que se acercaba hacia eso que no podía percibir, vio que las estrellas que estaban inmediatamente adelante de él se sumergían en esa profunda obscuridad y después desaparecían de su vista. Cuando vio que ya era inevitable su absorción, cerró sus manos y las unió en su pecho y pensó:
_Por ti Padre y en el nombre de Dios.
Sintió un ligero estremecimiento, había cruzado por la obscuridad; se sintió más ligero, su cuerpo parecía extraño, no tenía ya la noción de una nave, se sentía flotar en algo indefinido. Una sensación extraña lo invadía pero no podía ver nada; decidió esperar, aunque, en realidad, no tenía otra opción. Poco a poco, su cuerpo fue adquiriendo peso; poco a poco, sus movimientos se fueron restableciendo; poco a poco, se fue dando cuenta que se encontraba flotando en el espacio. Un fuerte estremecimiento sintió de pronto, cuando una voz, proveniente de todos lados del universo, le dijo:
_Viajero del espacio, abre bien tus ojos y observa las danzas cósmicas de los astros_. La voz parecía provenir de arriba y de abajo, de adelante y de atrás, de todas direcciones, y, en ese espacio, se fue formando de pronto una nube y la nube pasó a convertirse en una pantalla gigantesca y, entonces, vio soles gigantescos que giraban vertiginosamente unos alrededor de otros; observó a los gigantescos soles que en su movimiento de rotación desprendían, en todas direcciones, trozos de su propio cuerpo, masas incandescentes que quedaban, después, girando alrededor de él; vio explosiones majestuosas que hacían que grandes lenguas de fuego surcaran el espacio produciendo una fantasía de colores; oía los estruendos y no sabía si lo que estaba observando era una pantalla o en realidad él se encontraba en medio de todo ese escenario.
Luego vio, cómo, las pequeñas porciones arrojadas por el sol se iban enfriando y observó, igualmente, cómo, de esos pequeños astros, ya fríos, empezaban a surgir pequeñas criaturas que se movían sobre su superficie; iban y venían hacia un lado y hacia otro y empezó a ver que esas criaturas peleaban y mataban a sus hermanos y mataban a otras criaturas que convivían con ellas y el príncipe, horrorizado, pensó:
¿Qué es esto?, personas que se matan a sí mismas, criaturas que destruyen a otras simplemente por placer. ¿Qué clase de mundo es éste._ Y la voz que provenía de todas direcciones, contestaba:
_Es un mundo en formación.
_Sí, pero ¿qué criaturas serían capaces de matarse unas a otras, sin entender que todos somos iguales y que nuestro destino está en el mismo lugar, en aprender los principios del universo?_ Y la voz contestaba:
_Son criaturas que están aprendiendo a vivir.
Y, mientras el diálogo se daba, la imagen crecía y crecía y podía ver a esas pequeñas criaturas que vivían en pequeñas construcciones que ellas mismas hacían y veía cómo, unas, se afanaban tratando de llevar lo necesario para aquellas que vivían junto a ellos y vio que esas criaturas se reproducían y formaban pequeñas colonias que ellos llamaban ciudades y, después veía, que otras extrañas criaturas se dedicaban a destruir a esas ciudades; y luego observaba cómo, la ciudad atacada, igualmente, empezaba a convertirse en atacante y unos y otros peleaban. La lucha era encarnizada, se mataban sin piedad, sin respetar a mujeres o niños; sin respetar las construcciones grandes o las pequeñas. Con mayor detenimiento pudo observar que no todas luchaban, que había unas cuantas que buscaban hacer la paz; observó que algunas deseaban todo para ellas, mientras que otras luchaban por el beneficio colectivo y observó, igualmente, que en algunas regiones había una increible riqueza de seres diferentes, plantas y animales, todos ellos conviviendo en armonía y observó, igualmente, cómo esos mismos seres, las extrañas criaturas que hacían la guerra, igualmente se empeñaban en destruir esos lugares llamados selvas y observó que de sus colonias salían grandes nubes que iban, poco a poco, destruyendo la capa de aire que rodeaba a su planeta y, entonces, el príncipe sintió compasión y dijo:
_¿Cómo es posible que nadie ayude a esos seres?, ¿cómo es posible que no exista alguien en el universo que les explique cuáles son los principios que rigen la armonía? Y, la mente que provenía de todas partes le contestó:
_Hay un sinfín de hermanos que lucha por enseñar a esas criaturas el secreto de la armonía y del correcto vivir, pero ellas son sordas y aún no son capaces de escuchar la voz que viene del universo.
_Pero, no puede ser, _replicó el príncipe_, tiene que haber alguna forma de explicarles que en el universo todo es paz y armonía y que ellos están quebrantándola; tiene que haber alguna forma.
_Y la hay,_ contestó la voz_. Algunos de nosotros hemos tenido que descender a su superficie y nacer entre ellos para poder explicarles cuáles son los principios que rigen en el universo.
_Y ¿qué ha pasado? preguntó el príncipe.
_Observa_, contestó la voz.
Y, entonces, la imagen cambió y se observaron tres cruces en un monte, una multitud rodeando a las cruces y una voz que como un lamento se elevaba diciendo: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. El príncipe se llenó de indignación y dijo:
_Basta, no es posible que esto pase en una creación en el universo, yo ire ahí y les enseñaré cuáles son los principios que deben regir la vida de todos los planetas._ Y la voz que provenía de todas partes, dijo:
_Sea como has dicho. Y un gran estallido obligó al príncipe a cerrar sus ojos, llevó sus manos a sus oídos y todo quedó en calma.
Cuando abrió los ojos se encontraba en una tierra extraña, desértica; él calzaba huaraches, un manto largo y un bastón. Muy cerca de él había una multitud que escuchaba con atención a un hombre que les decía: Bienaventurados los que sufren porque de ellos será el reino de los cielos. Y, entonces, el príncipe descubrió, que, ese ser al que escuchaba, era el mismo que él había visto en la cruz y recordó su diálogo con esa voz que provenía de todas partes y pensó:
_Ahora tengo la oportunidad de ayudar a este ser a enseñar a esta multitud._ Sigilosamente, empezó a escuchar con atención y a observar las reacciones de la multitud ante las palabras de aquel profeta y, en su interior, decía: _Ahora sí, todo será diferente, este es el momento en que podremos sacar, este enviado y yo, a este mundo, de las tinieblas.
Buscó entonces entrevistarse con el profeta pero resultaba sumamente difícil hacerlo; cada vez que preguntaba por Él, una multitud de fieles y seguidores le decían:
_Hasta el Profeta nadie puede llegar, Él irá a ti cuando Él lo desee, pero nosotros somos los encargados de protegerlo, ya mucha gente desea su muerte y no te permitiremos acercarte a Él, si es su deseo, Él irá hasta ti._ El príncipe recordó que en el universo todo está conectado y, entonces, mandó un pensamiento hasta la mente del Profeta y le dijo:
_Hermano mío, he venido aquí para ayudarte, yo sé que tu misión es difícil y sé que este mundo necesita mucho de tu ayuda pero aquí estoy, no estás solo. _En ese momento, un coro de voces surgió, igualmente, de todas partes del planeta, diciendo:
_Gracias viajero, pero el Profeta nunca ha estado solo, nosotros lo acompañamos y estamos distribuidos en toda la superficie de este planeta, tu ayuda es bien recibida, pero no esperes cambiar el curso de los acontecimientos, porque las plantas toman un tiempo para crecer y dar fruto y las humanidades lo hacen también.
El príncipe se sintió desconcertado, había pensado que el Profeta se encontraba solo y ahora entendía que una misión de tal importancia, no podía ser dejada únicamente sobre los hombros de un ser, tenía que haber muchos y ahora él sentía que su ayuda no era tan importante, sin embargo, pensó:
_Si he venido a ayudar, así lo haré, y justo es que ponga todo mi empeño en ello. ¿En qué podré ayudar?_ preguntó a ese coro de voces mentales que le habían dado la información anterior y ya no se escuchó el coro, se escuchó la voz del Profeta diciendo:
_Hermano mío, sé que cuando llegaste aquí lo hiciste impulsado por la fuerza de tu amor; mi misión y la misión de todos los que me acompañan es la misma, “redimir a esta humanidad”; tú preguntas en qué puedes ayudar, yo te digo lo siguiente: En el paso de los siglos y de las edades, mis palabras serán tergiversadas muchas veces, mis principios serán complementados al arbitrio de muchas mentes que, queriendo ayudar a sus semejantes, irán degradando las verdades sublimes que hoy les he entregado; la historia cambia el curso de los acontecimientos, por eso, hoy que vienes del futuro, yo te encomiendo la siguiente misión. Revela, para esos que vivirán en el futuro, las siguientes palabras:
“Todo en el universo se mueve bajo el influjo de dos grandes fuerzas, EL AMOR, que todo lo une, que todo lo funde, que no es sino armonía; y LA JUSTICIA, la fuerza que equilibra el amor, para que el universo entero no se funda nuevamente en un sólo átomo de luz”.
La justicia es la fuerza que mantiene a los astros girando unos alrededor de otros, que mantiene a los átomos en perfecto equilibrio, vibrando, uno, alrededor de otro. La justicia es la fuerza que mantiene a cada creación dentro de su línea de acción sin violar los derechos de los demás. Si por amor los seres se unen, por justicia, lo hacen en equilibrio y en armonía. Si por amor un ser se entrega a otro, por justicia, lo hace en perfecto equilibrio y respeto. Si por amor Dios ha creado a todo el universo, por justicia, le permite que su evolución sea gobernada por leyes. Son el amor y la justicia, las dos grandes fuerzas que regulan la armonía del universo”.
Ve y comenta esto cuantas veces te lo pregunten porque ésta es la misión que yo te he encomendado. Regresa a tu tiempo, porque, en este momento, nuestra misión está a punto de concluir.
La mente del príncipe percibió, entonces, la misma escena que observara dentro del hoyo negro; pudo ver la imagen del Profeta crucificado y, entonces, supo que sus palabras las había mandado desde la misma cruz. El príncipe sintió que su viaje había sido útil, ahora tenía una misión; se sentó, dejó a un lado el bastón, puso sus manos unidas sobre su pecho y dijo:
_Profeta, te has entregado por amor, yo, por justicia, revelaré tu mensaje a todo aquél que lo solicite,_  y en ese momento, un estallido de luz lo envolvió y se vio viajando nuevamente con su nave.
La serena voz de su Padre se hizo presente en su mente. Amor y Justicia, el séptimo principio del universo.
Y su nave se perdió en la inmensidad del espacio.
10. EL OCTAVO PRINCIPIO
El príncipe había aprendido un gran principio. El Amor y la Justicia van siempre unidos; mientras que el primero da cohesión a todos los cuerpos, a todos los átomos, a todo lo que existe en el universo, la segunda, regula sus movimientos y sus asociaciones. El amor es la fuerza que mantiene a toda la creación unida por invisibles lazos, con su creador, y la justicia, regula, con sabias leyes, el movimiento, su evolución y su expansión.
El príncipe guardaba en su mente estos principios y mientras viajaba en su nave, recordaba aquellos lejanos tiempos cuando su viaje iniciaba, cuando todavía era apenas un niño, cuando aún no sabía nada acerca del universo. Recordaba las palabras de su padre |siempre te acompañaré! no importa dónde te encuentres, y esas dulces palabras no lo abandonaban nunca. Igualmente, le había dicho: aquí estaremos esperándote para ese glorioso día en que regreses y te unas a nosotros en nuestro eterno viaje por el universo.
El príncipe se sentía satisfecho, había descubierto ya 7 principios y únicamente le restaban 3, pero algo extraño había pasado en su interior, no sentía prisa, no sentía angustia, los principios que conocía, del universo, le permitían sentirse como en su casa sin importar dónde se encontrara y, de hecho, pensaba: si en este momento quisiera regresar al lado de mis padres no sabría cómo encontrar el camino, tanto he viajado y en tantas direcciones distintas, que no sabría regresar a donde salí; sin embargo, no le preocupaba, pues había aprendido que todos los seres están unidos en el universo y, mientras su nave viajaba hacia ninguna dirección, se encontró a otra pequeña nave que viajaba en sentido contrario, la observó sin darle mucha importancia y de pronto vio como si la nave cambiara su rumbo para tomar justamente el que el príncipe llevaba. Cuando estuvo lo suficientemente cerca se dio cuenta que era un niño el que la tripulaba y le dijo:
_¿A dónde vas viajero del espacio? y el príncipe le contestó:
_A ninguna parte, no tengo destino. El niño, asombrado, le preguntaba:
_¿Cómo es posible que viajes hacia ninguna parte?, debes saber hacia dónde vas.
_No, en realidad no lo sé, pero tampoco me interesa. El niño se sorprendió aún más y siguió preguntándole:
_Mira, yo salí en un largo viaje porque mi padre me hizo algunos encargos, yo tengo que aprender 10 secretos del universo y por eso me encuentro buscándolos, en realidad, no sé si la dirección que llevaba me iba a trasladar hacia donde se encontraban los principios, ¿podría acompañarte?
El príncipe se sonrió para sus adentros y le contestó:
_Claro que puedes acompañarme, pero te repito, no voy hacia ningún lado. El niño seguía preguntando:
_Pero, entonces, ¿qué es lo que buscas, por qué tu nave viaja en esa dirección?
_Mira niño, en cierta forma tu camino y el mío se parecen, sólo que el mío es un camino interior, la nave, no importa hacia dónde se dirija, lo importante es la dirección que yo he tomado dentro de mí mismo; lo que yo busco se encuentra dentro de mí, es por eso que el rumbo de mi nave no interesa. El niño empezaba a confundirse.
_¿Por casualidad, tú no conoces algunos de esos 10 secretos que mi padre me mandó encontrar en el universo? Y el príncipe le contestó:
_Tal vez, pero de nada serviría que te los dijera, tú tienes que decubrirlos por ti mismo, recuerda que tu padre te dijo que no confiaras en extraños, que el conocimiento debería de provenir de ti mismo. El niño, sorprendido, le preguntó:
_Es cierto, eso dijo mi padre, ¿cómo es que tú estás enterado? Y el príncipe le dijo:
_Quizás porque tu padre y el mío se conocen, quizás porque mi padre me dijo lo mismo a mí, quizás porque yo he viajado un poco más que tú y sé muy bien las cosas que tú encontrarás en tu viaje.
_Entonces, ¿no puedes decirme nada de lo que tú has encontrado?
_Sólo te confundirías, sigue el camino que tu corazón te indique y llegarás, inevitablemente, al descubrimiento de los 10 secretos que tu padre te mandó encontrar.
_Gracias, noble viajero, nunca olvidaré lo que tú has hecho por mí. Y el príncipe le contestó:
_Estoy seguro de que nunca lo harás y quizás, algún día, tú hagas lo mismo con otro.
Y el niño cambió la dirección de su nave para enfilar hacia otro rincón del universo.
El príncipe se quedó meditando, recordaba perfectamente aquel pasaje en donde él se unió a otro viajero y recibió las mismas respuestas que ahora él le estaba dando al niño, y sus pensamientos viajaron muy dentro de sí mismo y una pequeña luz empezó a iluminar todo su ser interior.
El universo no es sino una eterna espiral, viajamos en el espacio en diferentes direcciones, pero los eventos, los acontecimientos, no son sino círculos que se repiten una y otra vez sólo que en diferentes alturas, viajamos evolutivamente en una espiral; el amor nos mantiene unidos, la justicia regula nuestros movimientos y la luz nos indica la dirección. El universo entero no es sino una inmensa espiral en donde todos giramos y giramos y los acontecimientos se repiten y los seres evolucionan pasando por los mismos puntos pero a diferentes alturas.
¿Cuál será el siguiente principio?
El amor y la justicia no son sino dos caras de una misma moneda; el amor universal es el sentimiento que sale de cada uno de nosotros y nos une a todas las criaturas y a todos los seres. Siento un irresistible amor hacia ese niño que acabo de dejar, pero también lo siento por aquellas serpientes que me encontré tiempo atrás, y por aquellos seres que intentaron sacrificarme, por aquel viajero que se encontraba más adelante de mi y por la piedra y por el gigante y por mi padre y por aquellos seres que bailaban incesantemente alabando a Dios, ése es el amor universal, lo que me une a todas las criaturas, a todas las cosas creadas.
Pero, por otra parte, respecto a la justicia divina, esa misteriosa fuerza que impulsó a mi padre a mandarme en busca de los 10 principios del universo, esa fuerza impresionante que me atrajo hacia el hoyo negro, la misma que me impulsó a volar y a nadar, a convertirme en la nada, para entender el principio de los 4 estados de la materia, esa fuerza que regula la evolución de los seres y que ha traído a ese niño hacia mí, nuevamente, repitiendo una escena que ya había vivido, sólo que en un punto más alto de la espiral. ¿Qué es la justicia divina, sino el principio de orden que regula todo lo que existe en el universo?, la fuerza que da origen a todas las leyes bajo las cuales nos movemos. Ahora entiendo a mi padre, él se desprendió de mí a pesar del gran amor que me tiene, él sintió que era su deber y lo hizo en cumplimiento de la justicia divina y, ahora, tan lejos o tan cerca de él, el amor me mantiene unido y la justicia me mantiene en la búsqueda.
_¡Qué maravilloso principio, qué maravillosa lección!, pero, ¿existirá siempre en esa dualidad?, ¿no podrá haber algún punto en donde el amor universal y la justicia divina se unan?
Y, de pronto, mientras el príncipe meditaba, una gran luz se hizo en su interior y empezó a observar como una gran nube en el centro de una visión multicolor, un ser empezaba a formarse, rayos de luz cegadores rodeaban su silueta, nubes en todas direcciones hacían más impresionante la figura que se estaba formando en su interior. Cuando terminó por aclararse, se encontró con un anciano y el príncipe, sumamente inquieto, le preguntó:
_¿Quién eres tú que mora dentro de mí?, ¿quién eres tú, que de pronto apareces ante mí dentro de mis pensamientos?, ¿cómo es que tú no eres un fruto mío?, ¿cómo es que has logrado penetrar hasta este punto que únicamente me pertenece a mí?_ Y su voz, casi como un susurro pero con una majestuosidad impresionante, contestó:
_Tú hiciste una pregunta, yo vengo a contestarla. Estos rincones dentro de ti podrán estar aislados para todos los seres pero nunca para Dios. A lo largo del camino que has seguido has venido escuchando la voz que te hablaba desde el interior, pues bien, es tiempo que conozcas el origen de esa voz.
_Yo soy un enviado, todos los que conocen los primeros 7 principios del universo entran en contacto con el enviado; tú ya has conocido los primeros 7, es el momento de que entremos en contacto más directo.
_A partir de ahora tu camino no estará solo, yo estaré contigo en este lugar en donde me has descubierto. Yo te guiaré, soy la síntesis del amor y la justicia, porque, más allá de todas las dualidades existen las fuerzas de unidad, el universo es binario en esencia, “todo lo que es uno se divide y todo lo que se divide se unifica”. No lo olivides, el amor y la justicia se unen en un punto y aparezco yo a traerte la luz, a establecer el contacto, provengo de ese ser al que tú llamas Dios pero que cualquier nombre lo limita y por eso prefiero no llamarle de ninguna manera, ÉL ES QUIEN ÉL ES, no tiene nombre ni cuerpo, porque todos nosotros conformamos su cuerpo, yo soy tu enviado, porque he sido emanado por El y creado con este propósito. Así pues, hoy has descubierto el octavo principio.
“Más allá del amor y la justicia existe la síntesis, el contacto, la iluminación, el enviado; todo aquél que domina los principios entra en contacto con el Padre”,
y aquí estoy yo. Descansa, libera tu mente de todos los pensamientos inútiles para que percibas la gloria del contacto.
Y el príncipe aquietó su mente, se sumergió en un dulce sueño e inmediatamente todo su ser empezó a renovarse, a sentir un fuego que corría por dentro de él, a sentirse uno con el universo; sintió que cada átomo, cada molécula de su cuerpo, empezaba a integrarse con las diferentes criaturas que él conocía, del universo; sintió que su cuerpo desaparecía; sintió que su conciencia se unía con todas las cosas; sintió que podía saber exactamente lo que estaba ocurriendo en cualquier rincón en el universo; sintió ese lazo que existe entre todas las criaturas del cosmos y todo eso pasaba mientras su nave se dirigía hacia ninguna parte, recorriendo un camino que llegaba hacia todos lados.
11. EL NOVENO PRINCIPIO
El príncipe viajaba experimentando una nueva realidad, la luz interior le permitía ver a través de la distancia y del tiempo. Había asimilado la secreta naturaleza del Amor y de la Justicia; había aprendido que son las 2 grandes fuerzas que regulan la armonía de las esferas. Ahora, absorbido por esa luz que provenía de su interior, viajaba por el espacio experimentando una armonía increíble; se sentía en unidad con todos los seres creados, su mente percibía señales de todos los rincones del universo; bastaba con que su voluntad lo deseara, para observar claramente lo que estaba pasando en cualquier rincón de la creación. Recordó una vez más, sus experiencias anteriores, cómo los seres, con los que se había topado, parecían conocer exactamente todo por lo que él había pasado; ahora entendía el poder de la iluminación, era ese secreto poder que le permitía establecer el contacto con todas las cosas creadas.
A lo lejos vio una nave que cruzaba por su camino, perpendicularmente, fijó su mente en la nave y, en forma inmediata, aparecieron imágenes en su cerebro, vio a un ser que partía en busca de los 10 principios del universo; se dio cuenta que ya había encontrado los primeros 3; pudo observar claramente lo similar de sus experiencias con aquellas por las que había pasado él mismo; observó la agitación en que se encontraba y quiso intervenir; alzó su petición al espacio diciendo así:
_Dios infinito, he descubierto a un hermano que viaja en busca de los mismos secretos por los que yo he partido, permíteme auxiliarlo en su camino._ Esa voz que proviene de todas partes y que habla sin ruidos, le contestó:
_Sea como tú lo quieres, hazlo. Y, así, el príncipe, habiendo obtenido el permiso, se hizo presente en la mente de ese ser y le habó así:
_Hermano mío, sé que tu corazón se agita por las emociones de tu viaje, sólo vine a decirte que la meta que tanto anhelas, sin duda la alcanzarás, no importa los peligros que tengas que cruzar, ni los seres con los que te tengas que enfrentar, el universo es tuyo y los secretos te pertenecen, no lo olvides.
Vio claramente cómo el ser se asombraba por esa voz y que lanzaba miles de preguntas en su mente.
_¿Quién eres, dónde estás, cómo me conoces? Y el príncipe le respondía:
_Soy uno contigo, he estado siempre contigo y lo estaré por toda la eternidad; como tú, yo también inicié un viaje, tal vez haya encontrado algunas cosas que a ti te falta descubrir, pero ten la confianza que, algún día, tú harás lo mismo que yo._ El ser le preguntó desesperado.
_¿Por qué no me revelas de una vez todos los principios, si a fin de cuentas los he de descubrir tarde o temprano? El príncipe le contestó:
_Por la misma razón por la que una semilla tiene que esperar el tiempo necesario para su crecimiento; por la misma razón que los niños nacen niños y tarda un tiempo en que se conviertan en adultos; por la misma razón que los planetas se mantienen girando eternamente, unos alrededor de otros; por la misma razón por la que nosotros hemos de viajar y nuestros padres lo hicieron y nuestros abuelos igualmente, todos en busca de estas leyes universales.
Después de un silencio, el príncipe lo dejó sumergido en sus meditaciones mientras él seguía el camino. Mientras su nave viajaba hacia ningún lado su mente iba pensando:
¡Qué extraño es el universo, increíblemente rico en planetas, estrellas y galaxias, en seres extraños, en criaturas diferentes, pero qué inmensamente mayor es la realidad interior!, ese universo que nos conecta desde adentro de nosotros mismos con todos los seres de la creación. Decidió parar su nave en un planeta que, sin prisas, giraba lentamente alrededor de un maravilloso sol.
Cuando hubo descendido a su superficie, salió de su nave y se sentó, observó a su alrededor, e interiormente se conectó con la esencia del planeta y observó su historia, su evolución, se dio cuenta de su presente, se dio cuenta que estaba desierto de seres inteligentes, ahí sólo moraban seres de otros reinos inferiores, plantas, piedras y el mismo planeta. Haciendo la conexión con el destino del planeta, miró hacia el futuro y observó que unas razas hacían su aparición en la superficie de ese planeta; observó cómo esas razas empezaban a juntarse en colonias y después en ciudades; vio que se formaban grandes pueblos y organizaban sus derechos y reponsabilidades para formar una sociedad de armonía; vio que recibían asistencia de los hermanos mayores del espacio, que les mostraban cuáles eran los principios sobre los cuáles deberían regir su humanidad; vio que esos seres alcanzaban grandes dones en el dominio de los elementos, a través de algo que ellos llamaban ciencia; vio que todos ellos eran felices hasta que, de pronto, llegó una semilla del espacio, un ser de otro planeta aterrizó en su superficie. Después de ese ser siguieron otros muchos. Esos seres, provenientes de otro planeta, introdujeron el germen del odio y de las guerras, de la envidia, el egoísmo y vio, cómo la humanidad empezaba a corromperse y vio, cómo, lo que antes era total armonía, empezaba ahora a convertirse en desolación y tristeza. Nuevamente el príncipe quiso intervenir y lanzó su petición al espacio:
_Dios mío, no puedo permitir que esto le pase al planeta, no puedo permitir que esta humanidad que era todo armonía se vea contaminada por seres de otros planetas. ¿Qué puedo hacer?
Esa voz que provenía de todas partes le contestó:
_Respetar la Voluntad Divina. El príncipe, extrañado, contestó:
_Pero, ¿no es la Voluntad Divina mantener el orden y la armonía?
_La Voluntad Divina es permitir que las criaturas aprendan a alcanzar la armonía de todo lo que existe.
_Pero, ¿no es éste un triunfo de las fuerzas obscuras?, ¿no es éste un hecho que va en contra de la evolución del universo?
_Lo que tú has observado es una consecución de la Voluntad Divina, sin duda no es el propósito último, pero es el resultado del ejercicio de su libre albedrío. ¿Por qué no observas más adelante?
El príncipe nuevamente unió su mente a la esencia del planeta y saltó siglos más adelante en su historia y vio que el planeta había sufrido una gran destrucción, había habido guerras que habían involucrado a toda la humanidad; vio cómo de las cenizas surgían niños y jóvenes sobrevivientes; vio a las madres que, mientras lloraban enterrando los cuerpos de sus seres queridos, tomaban las manos de sus hijos y les decían: esto es lo que deja la guerra; si algún día tienes oportunidad, lucha, pero no con las armas, lucha por la razón y lleva la armonía y la esperanza a todos los lugares por donde pases. Vio que los jóvenes formaban una nueva generación; vio que protestaban en contra de la guerra; vio cómo se unían unos con otros hasta formar una gran fuerza, que, en su momento, pudo restablecer la armonía de todos los pueblos. Quiso ver más hacia el futuro y vio que esos seres empezaban a alcanzar nuevos horizontes de unidad y de armonía y la guerra había quedado en el pasado como una amarga lección para esas humanidades.
El príncipe nuevamente lanzó su voz al cielo diciendo:
_Gracias Dios mío, hoy he aprendido que la Voluntad Divina triunfa en todas las cosas. Hoy he aprendido que la Voluntad Divina busca la armonía de todos los seres en un tiempo final y no inmediatamente. Una voz familiar para él le contestó:
_Hijo mío, el noveno principio:
La Voluntad Divina no es sino el resultado de la herencia que Dios ha puesto en cada cosa creada como semillas que darán fruto a su debido tiempo y los llevarán a manifestar toda la grandeza del universo, toda su armonía, toda su paz.
La Voluntad Divina se cumple aunque, en ocasiones, el hombre parezca transgredirla. Este es el noveno principio, no lo olvides. La Iluminación te conectó con todos los seres del universo, ahora, la Voluntad, te permite entender que para Dios, el tiempo, el espacio y las pequeñas circunstancias de la vida no tienen valor; la inmensidad, la eternidad, la unidad de todas las cosas, son realmente el interés de Dios. Bienaventurados nosotros porque estamos con El, no existe nadie fuera de Dios. No lo olvides hijo mío, prosigue tu viaje porque la meta se acerca cada vez más rápidamente.
El príncipe se emocionó intensamente; de sus ojos empezaron a rodar lágrimas y ahora se sentía poseedor de secretos nunca antes sospechados.
Supo que no importaba cuál hubiera sido el camino que él tomara en su nave, de todas formas la Voluntad Divina se cumliría.
Supo que no importaba cuáles fueran sus pensamientos o sus deseos, o de cómo llevar su vida, la Voluntad Divina se cumpliría al final, de todas formas.
Supo que las desavenencias y las desarmonías que observara en esos mundos, los conflictos en que estaba sumergido el viajero, sus propios problemas, sus interrogantes y todo eso que él sentía cotidianamente, no eran sino una consecuencia de las Leyes Divinas actuando sobre cada ser, pero que, al final, la Voluntad Divina se cumpliría tarde o temprano.
Lleno de esa inmensidad, partió en su nave dejando que tomara cualquier dirección.
12. EL DÉCIMO PRINCIPIO.
Como recordarán, el príncipe viajaba en su nave sumergido en esa grandeza que había descubierto de la Voluntad Divina. Sabedor que la Voluntad Divina se cumple tarde o temprano y que, si bien, los caminos de los seres no siempre están inundados de armonía y de paz, en realidad, la Voluntad Divina permite esas desavenencias para que, las lecciones que después son traducidas en principios universales, den, a cada uno de los seres, la grandeza de espíritu que necesita para descubrir las enseñanzas que se encuentran encerradas en esas experiencias.
El príncipe hallábase maravillado de ese magnífico descubrimiento; de ver cómo, el hombre, en el ejercicio de su libre albedrío, no hacía otra cosa que cumplir con los designios divinos, es decir: a pesar de que el hombre ejercía su derecho a decidir su vida, a fin de cuentas, todo eso estaba perfectamente incluido en el objetivo final de la Voluntad Divina. Veía, entonces, en magníficas escenas, cómo los astros evolucionaban hasta ver nacer humanidades en su superficie. Veía cómo, cada cosa, cada ser creado en el universo, proporcionaba una pequeña nota dentro de ese gran concierto de evolución que el plan divino había definido con tanta anticipación y, ante ese secreto que a sus ojos parecía el más grande de todos, su espíritu se hallaba inmerso en emociones nunca antes experimentadas.
Mientras tanto, en otro lugar del universo, un castillo, un rey y una reina, sonreían tomados de la mano. En sus ojos se dibujaban las escenas de un hijo amado que había partido, tiempo atrás, en busca de 10 principios. Veían su nave y veían la grandeza de ese espíritu que animaba el cuerpo de su hijo, lo veían grande y sabio y sus corazones se llenaban de paz y de felicidad. El rey comentó:
_Creo que ya es hora de mandar nuestro presente.
_Estoy de acuerdo contigo amado mío, contestó su reina, es el momento de que le enviemos el regalo.
Y, diciendo esto, subieron hasta su alcoba y tomaron un pequeño cofre de cristal oscuro que habían guardado para una ocasión especial. Se acercaron a la ventana de su castillo y, tomándolo en sus manos, abrieron la tapa del cofre. Sus pensamientos volaron hasta donde se encontraba su hijo y le dijeron:
_Recibe, ahora, el secreto de los secretos con todo nuestro amor, y del cofre salió, flotando, una pequeña estrella y se dirigió, rauda y veloz, hacia donde el príncipe se encontraba. A su paso, la estrella, iba dejando pequeñas chispas de luz simulando un cometa luminoso con una cauda de estrellas.
Mientras tanto, el príncipe, había escuchado las palabras de sus padres, sentía un amor profundo hacia ellos, un amor que había cambiado, de aquél que sentía cuando iniciara el viaje. En aquel entonces, su amor estaba lleno de admiración por sus padres, los veía tan grandes y tan sabios y él tan pequeño y tan inexperto, que su amor era más bien veneración. Ahora, después de todo lo que había pasado, entendía el verdadero amor, aquél que nacía de los espíritus grandes, aquél que nace de la comprensión de saber que todos somos iguales, de saber que cada uno es Dios en potencia, de saber que somos uno con todos y con todo. Su amor estaba lleno de gratitud, no únicamente a sus padres, sino al Dios infinito que le permitía entender sus secretos y sus leyes, que le permitía asomarse a esos misterios que, por tanto tiempo, rodearan a la creación, ante sus ojos.
Estaba en posesión de 9 principios, sabía que sólo faltaba uno. Cuando oyó del regalo, cuando supo el secreto de los secretos, ya no había en él la ansiedad que experimentara al inicio de su viaje, no había en él ni curiosidad, ni deseos, ni ninguna emoción, salvo aquélla de sentirse uno con el universo, de saber que la Voluntad Divina se iba a cumplir a pesar de él mismo, de saber que no importara lo que pasara, de todas formas él llegaría a conocer todos los secretos del universo. Internamente sólo había paz, armonía y unidad con todos los seres de la creación. Pudo ver, con su mente, a esa estrella que se acercaba a su paso, pudo seguirla y se regocijaba observándola en toda su maravillosa existencia. El vuelo majestuoso que hacía mientras surcaba los espacios, el polvo de estrellas que iba derramando con su cauda le pareció algo infinitamente bello y sabía que venía hacia él.
Las emociones experimentadas eran tan grandes que su cuerpo le parecía infinitamente pequeño para encerrar esos sentimientos que lo embargaban. Dejó que su espíritu se expandiera, fundió su mente con todo el universo y, de esa manera, pudo, entonces retornar a esa paz y armonía total, esperó sin prisas a que la estrella terminara su viaje y, cuando hubo llegado, la estrella se posó frente a él e inesperadamente se sumergió en su frente.
Un chispazo de luz inundó todo; su mente, no fue otra cosa que una expansión finita de luces, sonido, música, aromas, vibraciones, todo creció de manera instantánea. Quiso pensar y sus pensamientos fueron luz, vibraciones, armonía, sonidos y colores. Quiso preguntarse quién era él y su voz se multiplicó en cada estrella, en cada sol, en cada ser del universo, su pregunta la hicieron instantáneamente millones de seres en todo el universo. Quiso moverse y se vio convertido en sol y, al mismo tiempo, en planetas girando a través del sol. Se vio en insecto y se vio en planta, se vio en la lluvia que caía, en el río que se escurría y en el mar que permanecía en calma. Quiso hablar y oyó el sonido de los vientos soplando a través de las selvas, el rumor del agua cuando salta entre las piedras; oyó el canto de los pájaros en los amaneceres primaverales; oyó el rumor del agua al convertirse en cascada y romper las duras rocas de la tierra; oyó el silbido de los cometas al pasar cerca de los planetas habitados.
Tal grandeza lo embargaba. Algo, como una palabra diciendo, gracias, quiso salir de su pecho y observó galaxias en colisiones cósmicas, explosiones de estrellas convertidas en supernovas, átomos fundiéndose, niños naciendo, flores abriéndose y, entonces, entendió el secreto de los secretos. Sus pensamientos eran el eco de la creación, sus acciones eran las acciones de Dios mismo, todo su ser estaba en unidad con Dios, se había convertido en una extensión de Dios.
Ahora, más que nunca, se sentía parte de ese maravilloso Dios que había creado todo lo existente, ahora sabía, que el secreto de los secretos era, que…
…“Dios mora en cada uno de sus hijos,
no había forma de expresar eso, no había manera de agradecer, las palabras sobraban, las emociones, igualmente, sobraban, acababa de conocer el último secreto.
Sumergido como estaba, en esas emociones, abrió sus ojos de pronto y se encontró nuevamente con sus padres. Ahí estaban ellos frente a él y lo miraban con una dulzura infinita, sus ojos penetraban dentro de los suyos, su padre y su madre estaban dentro de él y él estaba dentro de ellos. Oyó que su padre le dijo:
_Bienvenido hijo mío, y su madre que le decía:
_Hijo mío, te esperábamos para emprender el viaje.
Sin pensarlo, el príncipe los abrazó e inconscientemente dijo:
_¿Cuál viaje madre mía, a dónde iremos? Y sus padres contestaron:
_¿Tiene eso alguna importancia?
Una gran luz inundó los 3 cuerpos, fundidos en un abrazo, y partieron en un viaje que no tenía destino.
Con esto damos por terminada la historia del príncipe.
13. EPÍLOGO.
Daré unas palabras finales para el relato del príncipe y esto es lo que les quiero decir:
El príncipe es cada uno de nosotros. Su viaje por el universo es el viaje que todos emprendemos por la vida. El descubrimiento de los secretos no es otra cosa que las mismas lecciones que la vida nos va enseñando a medida que caminamos por el mundo. Los peligros por los que pasamos no son otros que los mismos que el príncipe tuvo que afrontar y salir adelante gracias a los consejos que su propio padre le había dado. Nosotros vamos por la vida, pero muchas veces olvidamos los consejos de nuestro padre; muchas veces ignoramos aquellas palabras iniciales que nuestros padres nos dijeran antes de lanzarnos a nuestra propia aventura.
No importa cuánto tardemos, no importa si una persona descubre todos los secretos de la vida cuando aún es joven o lo hace ya en el ocaso de su vida, todos, en algún momento de su existencia, reconocerán los principios que rigen el misterio de la vida; algunos lo hacen estando al borde de la muerte, otros lo hacen mientras la ven acercarse lentamente en sus últimos años de vida; otros, más afortunados, los encuentran siendo aún jóvenes y, entonces, su vida representa un ejemplo a los demás, la sabiduría la reflejan en todos sus actos, ellos son los sabios, ellos son quienes más pueden enseñarnos. Cada quien en su interior ya los conoce, pero no los recuerda; la vida no es más que un eterno recordatorio de esos principios, una vez que se comprenden, una cortina es corrida dentro de nosotros y un mundo maravilloso empieza a ser descubierto, se viven experiencias que no es posible compartir, se viven unos momentos que no pueden ser explicados; la grandeza de las emociones, lo inmenso de la visión que se abre a los ojos internos, carecen de significado para aquellos que todavía enfocan sus vidas en sus 5 sentidos.
Abrirse al mundo interior es asomarse a Dios. Vivir en el mundo de los sentidos es rodearse de nieblas, por eso, todos nosotros debemos aprender a vivir nuestra propia aventura desde adentro, caminar por el mundo viendo desde adentro, sintiendo a nuestro ser, aprender en cada experiencia que pasa, sentir que somos grandes seres en un viaje por el universo, sentir que nuestros cuerpos son las naves con las cuales nos dirigimos a cada uno de los rincones de esta creación de Dios.
Entender que todos nuestros hermanos viajan, igualmente, siguiendo los impulsos de sus mandatos internos, pero dándonos cuenta que muchos de ellos aún no saben que el viaje se realiza desde adentro, confunden su nave con su propio ser, sin darse cuenta que el envejecimiento de la nave nada tiene que ver con la edad de cada uno de nosotros.
El príncipe llegó y conoció los 10 principios, se unió a sus padres y a todo el universo y siguió su camino. Nosotros, algún día llegaremos, conoceremos los 10 principios, nos uniremos a nuestros padres y partiremos en un viaje sin destino.
Que la luz de cada una de estas palabras descorra los velos que esconden los 10 principios dentro de todos ustedes, ése es mi deseo y algún día, en algún lugar, estaremos en contacto. Hasta entonces.
Con estas palabras terminamos el relato del príncipe.

* * *

RESUMEN DE LOS DIEZ PRINCIPIOS
“Dios es EL CREADOR de todo lo que existe, tiene muchos nombres pero es el mismo; y Él cuida de toda su creación, pero deja que los seres humanos aprendan a cuidarla por ellos mismos.”
“Todo lo que existe en la creación tiene VIDA, tal vez diferente de la tuya, pero todo tiene vida”.
“EL BIEN Y EL MAL residen en todas las cosas creadas”.
“Todo está en EQUILIBRIO, todo está en unidad”.
“El universo entero ha sido creado siguiendo el orden de los 4 principios: TIERRA, AGUA, AIRE Y FUEGO, (sólido, líquido, gaseoso y etérico); todo está en ti y tú escoges lo que quieres ser”.
“Más allá de lo sólido, más allá de lo líquido, más allá de lo gaseoso, más allá de lo ígneo, está LA ESENCIA de las cosas y esa esencia es la misma para todos”.
“Todo en el universo se mueve bajo el influjo de dos grandes fuerzas, EL AMOR, que todo lo une, que todo lo funde, que no es sino armonía; y LA JUSTICIA, la fuerza que equilibra el amor, para que el universo entero no se funda nuevamente en un solo átomo de luz”.
“Más allá del amor y la justicia existe LA SÍNTESIS, el contacto, la iluminación, el enviado; todo aquél que domina los principios entra en contacto con el Padre”.
LA VOLUNTAD DIVINA no es sino el resultado de la herencia que Dios ha puesto en cada cosa creada como semillas que darán fruto a su debido tiempo y los llevarán a manifestar toda la grandeza del universo, toda su armonía, toda su paz”.
“Dios mora en cada uno de sus hijos”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: